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El Observatorio de Infancia, Niñez y Adolescencia del
Departamento de La Guajira ha venido haciendo diferentes indagaciones y
análisis sobre la situación de la desnutrición en nuestros municipios. En el
informe que se ha compartido con todos los actores del sistema de protección y bienestar
familiar, se concluye que  el
departamento presenta fallas importantes en tres componentes claves de los
procesos de seguridad alimentaria y nutricional.
La primera, no cuenta con sistemas de información
confiables, debido a la existencia de subregistros y por lo tanto, existen
deficiencias en las coberturas y procedimientos estandarizados de captura de
datos Segunda, se desconocen la localización de muchas comunidades indígenas y campesinas,
por lo que son de baja accesibilidad. Tercera, en la actualidad existen fallas
de cuantificación del número de población que requieren ser impactadas, desconociéndose
los resultados de las intervenciones que se hacen desde los sectores, oficial y
privado. 
De acuerdo a los planes de desarrollo y el perfil epidemiológico  de cada territorio, desde lo local se deben
diseñar modelos de intervenciones especiales 
que consideren acciones integrales y que respondan a eventos propios dentro
del territorio, como la prevalencia de morbimortalidad y bajo peso al nacer.
Igualmente, hacer seguimiento, evaluación, ajustes efectivos para cada área, en
especial,  en los resguardos indígenas.
 Dado que
reducir la morbimortalidad infantil es una de las metas de los Objetivos de
Desarrollo del Milenio, el departamento, los municipios y las entidades del
orden nacional como el Bienestar Familiar y el Departamento de la Prosperidad
Social, las Eps, las Ips y el sector privado, deben coordinar acciones a través
de los comités de infancia y adolescencia para buscar lograr el mayor impacto y
la máxima cobertura de los programas de seguridad alimentaria, alimentación
escolar, generación de ingresos, plan de intervenciones colectivas, evitando la
concentración de acciones en una sola parcialidad del territorio o la duplicad
de acciones sobre una misma comunidad.
Si queremos no solo contribuir con el logro de las
metas del milenio, sino dar una atención efectiva a las comunidades más
necesitadas del Departamento, en especial, a los niños en alto riesgo, debemos
comenzar por identificarlas plenamente, rediseñar los mecanismos que nos
permitan garantizar impactar y lograr una cobertura real sobre las mismas, y
desarrollar dispositivos para realizar seguimiento a las acciones  públicas 
y privadas.
En lo posible, se debe coordinar acciones en un solo
macroproyecto de mediano plazo evitando iniciativas puntuales,  espasmódicas, individuales, descoordinadas y
cortoplacistas que generan pérdida de recursos y oportunidades. Se hace
necesario que todos los actores del sistema, entidades territoriales, Ong y
fundaciones, hospitales, Ips y Eps que actúan en el territorio realicen un
trabajo articulado en pro de focalizar, establecer y eliminar factores de
riesgo de morbi mortalidad y bajo peso al nacer, a través de la vigilancia y
control de intervenciones  focalizadas,
ajustadas a factores socioculturales, de acceso a agua potable,
alfabetización,  entre otros.
Los hospitales y las clínicas deben dar cumplimiento
real a los protocolos de nutrición de la organización de salud OMS, también
contar con personal capacitado en la búsqueda de garantizar una alimentación
acorde a las fases del tratamiento, siendo de obligatorio cumplimiento
suministrar al niño malnutrido  la  conocida Fórmula 100 y Fórmula 75  como terapéuticos de leche y productos
alimenticios  diseñados para tratar la
desnutrición crónica.
Escribió Cesar Arismendi Morales
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