Tal como se la pedí así hizo Dios «Mi Riohacha», una palma con su sol y un muelle desafiando aguas; y si no bastase el color, bajo entonces la mirada y contemplo  esas manos indias que tejen mochilas y hamacas, engalanando La Primera con su arte y con su magia.

Cuando se acerca Febrero me invade una gran nostalgia quiero volver a mi pueblo, sueño llegar a Riohacha, pa’ visitar a «La Mello» y decirle «Virgencita amada: no hay pena que tu no disipes, no hay enfermo si estas cercana». Cuantas veces caminé fervorosa en tu día? y ni la bulla del parque  interrumpir mi ruego podía; te pedía por mi gente, por mis paisanos queridos, algunos que ya partieron otros, aquí protegidos que se cubren con tu manto con  que abrigas los guajiros.
A tí pedí felicidad, y me mandaste a otras tierras, vivo soñando con regresar para que ya no me duela esta ausencia que me embarga en cada 2 de Febrero cuando se que mis paisanos te veneran como yo anhelo.
Pero la fé es invisible y no conoce distancia y aunque no vean mi cuerpo caminando por la plaza hay un alma muy Guajira, un corazón de Riohacha y en este tan frio invierno siente el calor de su patria.
Y me levanto tempranito y aún en tierras lejanas, veo salir del mar al sol y voy  a la iglesia en la mañana y no importa si es en otro idioma lo que tu fé proclama aquí llaman «Candelora» a mi  Remedios adorada
Yo cierro mis dos ojitos pienso en mi «Vieja Mello» amada, y en la lengua de mis paisanos, también elevo una plegaria. Pero hoy, feliz, nada te pido solo debo decirte «Gracias» por tantas y tantas bendiciones que con día a día derramas.
No sé si me las merezco, no sé si te doy la talla, solo sé que «Mi Vieja mello» a una Guajira no le falla.
Escribió: Marga Lucen Palacio Bruges, «Hilo hasta el Carreto»
-Publicidad-
Compartir