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Colombia se ubica entre los tres territorios a escala
mundial que en gran medida sufrirá los efectos y estragos del cambio climático,
situación que en los últimos años ha generado fuertes debates debido a la falta
de instrumentos catalizadores que al menos permitan reducir el nivel de
afectación ecosistémica, social y económica en las regiones.
Las muestras de compromiso y responsabilidad impuestas
por diversas naciones a través políticas y acuerdos internacionales como la
Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, orientadas a
la reducción de emisiones contaminantes, implantación de medios sustentables
para mitigar el progresivo incremento de las temperaturas del planeta,
deterioro ecológico, deshielo de los polos, aumento de los niveles del mar,
entre otros factores desencadenantes del calentamiento global, no han generado
un verdadero impacto, pues países como Estados Unidos uno de los mayores
emisores de gases efecto invernadero no ha ratificado los protocolos  determinados por consenso.
En esta medida, las repercusiones económicas y biológicas
de los eventos cíclicos que caracterizan al cambio climático, afectarán el
bienestar de la humanidad, de ahí la importancia que ha cobrado ante este nuevo
escenario el término “Adaptación” definido por el Panel Intergubernamental
sobre Cambio Climático – IPCC como: “Ajuste en los sistemas naturales o humanos
como respuesta a estímulos climáticos actuales o esperados, o sus impactos, que
reduce el daño causado y que potencia las oportunidades benéficas”. Las  medidas de adaptación buscan reducir el nivel
de vulnerabilidad y riesgos de la población, la comunidad,  y el entorno biofísico que los rodea.
El Informe de Estado de los Recursos y del Ambiente
2012-2013, elaborado por la Contraloría General de la República (CGR), explica
con detalle el estado de los páramos, la eficacia de la implementación de
políticas ambientales nacionales y departamentales tanto en ejecución de programas
como del presupuesto, además de exponer el nivel de avance en cuanto a
disminución de contaminación en el aire.
En este documento, fueron enfáticos en la debilidad de
las autoridades ambientales, subordinadas a los sectores productivos que no han
interiorizado adecuadamente el impacto ambiental que generan sus actividades
productivas. Adicionalmente destacan la ineficiencia de las Corporaciones
Autónomas Regionales – CAR por falta personal capacitado en temas de autoridad
y conservación ambiental, falta de controles sobre la actividad minera (mega y
pequeña minería), ineficacia en su gestión presupuestal y administrativa,
inexistencia de estrategias sectoriales de desarrollo bajo en carbono ni planes
de adaptación al cambio climático.
En el caso del departamento de La Guajira, su composición
geográfica lo ubica entre las regiones que mayores consecuencias sufrirá frente
a los efectos del calentamiento global, escenario desalentador ante las
posibilidades de desarrollo de un territorio complejo y caracterizado por las
necesidades básicas sin satisfacer de gran parte de la población.
El panorama induce a priorizar medidas sostenibles y
sustentables que reduzcan su nivel de exposición en el entorno que los rodea,
pues durante los últimos 5 años en el departamento son recurrentes los casos de
reducción de caudales de ríos, desertización y desertificación, erosión marino
costera, olas de calor e inundaciones que afectan la producción agropecuaria.
Durante estos días los ganaderos han tenido considerables pérdidas,  ya que sus animales mueren de sed, tendencias
irreversibles que directa o indirectamente desequilibrarán el bienestar de la
comunidad.
Escribió Cesar Arismendy Morales
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