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No existe en la costa Caribe y
posiblemente ni en el país una ciudad como Riohacha. “Que de lo que usted hace,
de eso vive”. Con esa frase la señora Evelia Lombana Jiménez, expresó todo su
sentimiento por la ciudad que le ha dado estabilidad laboral, emocional y espiritual.

Lombana Jiménez, nació en Valledupar
hace 44 años y se radicó en el municipio de Riohacha hace 15. “De regresar a mi
tierra es que me regalen una vivienda y un trabajo, de lo contrario me quedo en
esta ciudad”, dice con alegría.
Sin embargo, recuerda que desde los años
80 conoció la ciudad en compañía de su señora madre, Manuela Jiménez, quien trabajó
en el Restaurante Guamaca de la señora Rosalba Valdeblánquez; esta vivencia le
dejo muchos recuerdos, haciéndola regresar y en esta oportunidad, para
quedarse.
Regresó esta vez a la zona rural de
Riohacha, en compañía de su marido quien laboró en una finca del dirigente
político ya fallecido Alcides Choles, de quien está  muy agradecida porque le gestionó el carnet
del Sisben y con ello se afilió a una empresa prestadora del servicio de salud.
De ese sector resultó desplazada,
situación que la obligó a salir a Riohacha. Un día cualquiera decidió hacer
desayunos y los vendía al lado de la fábrica de agua el Oasis.

Tiempo
después observó que al frente existía un terreno, soñó con hacer un pequeño
restaurante y con la ayuda de Gabriel Pinto, conocido como ‘El Varón de Dios’,
consiguió que José Armenta Ríos, la autorizara trabajar en su predio.
Recuerda que hace 10 años comenzó con
una mesa blanca y poquita comida. Hoy, tiene un pequeño restaurante que está
ubicado al frente de Agua el Oasis, en la avenida del Aeropuerto con la calle
28, lo hizo con pedazos de madera y sacos verdes, donde vende los almuerzos
bien condimentado, propio del sabor guajiro por la módica suma de 6 mil
pesos.  
A Jair Arregoces uno de los comensales
dice que le gusta porque el sabor y el trato de la señora Evelia motiva a todo
el que viene y cada vez que llega siempre encuentra platos diferentes. “Buena higiene,
bastante y económico. Es delicioso el chivo guisado con coco, el pescado y la
carne asada también”.
Los hay con chivo guisado en coco,
pescado (sierra, pargo, o cojinúa), carne asada, guisada, molida, frita,
gallina criolla y pollo frito. Todo va acompañado con sopa (de hueso, de rabo o
costilla) y un refresco de agua de panela.
Jair Arregoces
“Riohacha ha sido como mi segundo hogar.
Por eso le doy gracias a Dios porque nunca me ha faltado la comida ni la de mis
hijos. Es una ciudad tranquila; aquí nadie se mete con usted”, dijo.                                        
Dice tener una clientela estabilizada,
me alagan y algunos que saben  dónde vivo
me llevan algo a la casa, se presentan con un detalle. “Me reclaman cuando
demoro días sin trabajar ya que el fuego me perjudica y a veces me tira a la
cama y eso me ha obligado cerrarlo varias veces”.
Su trabajo le permite dormir tranquila y
le queda para pagar los gastos básicos y darle educación a su hija de 15 años
de edad.

Con ella trabaja su señor marido y sus
hermanas, es decir, ha organizado una microempresa familiar e invita a las personas
que viven en esta ciudad a generar empleo desde la visión de comenzar a realizar
algo, porque en Riohacha de lo que usted hace de eso vive.
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