Las noticias registran como un hecho
trascendental el regalo que el expresidente y hoy Senador de la República
Álvaro Uribe Vélez hizo, a la Catedral Nuestra Señora de los Remedios de
Riohacha.
Se trata de un caballo pura sangre, de
raza andaluz, color zaino, muy inteligente, de padres portugueses (ambos
campeones), y cuyo nombre es “Candelario”.
“Lo entrego de todo corazón, para ayudar
a los arreglos que necesita La Catedral y atendiendo una ayuda que me pidió el
padre”, manifestó Uribe Vélez.
El novedoso regalo, que hoy pasta en la
finca “La Lucha”, ubicada en jurisdicción del Corregimiento de Galán, fue
recibido con alegría por el párroco de La Catedral, padre Jeferson Ariza.   
Este potro de dos años y medio de vida,
que pesa aproximadamente 360 kilos, es imponente, manso, noble y adiestrado. Al
decir de uno de los dueños de la finca: “lo llamas y te hace caso, le dices que
te de la pata y lo hace de inmediato. Galopa a la perfección”. ¡Que chévere!
Pero no todo es felicidad. Preocupa que
el noble animal come tres veces al día, al respecto el mismo finquero expresó:
“necesita pasto, silo de maíz, paja, agua, y sal mineralizada, entre otras
cosas, para su manutención”.
Varios días hacen ya desde su llegada de
tierras cordobesas, y muy a pesar de conocerse 
la intención de venderlo, no ha aparecido la primera oferta por el
animal tasado en 30 millones de pesos.
Esta exótica historia me hace recordar
lo narrado por el nobel de literatura José Saramago, en su obra: El Viaje del
Elefante.
La novela de Saramago cuenta el viaje
épico de un elefante asiático llamado Salomón, quien a mediados del siglo
XVI  tuvo que recorrer Europa por
caprichos reales y absurdas estrategias, luego que el rey Juan III lo regalara
a su primo, el archiduque Maximiliano de Austria.
Se me mezclan las historias en la mente,
y lo que allá vivió el elefante aquí se lo endilgo al caballo, a sabiendas de
lo diferente de las épocas y la geografía: de Portugal a Austria, aquí del
Ubérrimo en Cordoba a Riohacha; el paquidermo de a pie, con su cornaca y su
grupo de custodia conformado por gendarmes, el equino no sé si con jinete, pero
sí con custodios todos ellos áulicos del expresidente; el archiduque Maximiliano
y el padre Jeferson Ariza  los
agasajados, y los dadivosos reyes Juan III y Uribe Vélez donantes.
El regalo de este año a “la Vieja Mello”
me pone a meditar seriamente: ¿Cuándo aparecerá el comprador? ¿Cuánto dará?
¿Cuánto gastaremos de aquí a allá? ¿Dejará utilidades a La Catedral? ¿Será que
nos engüesamos? ¡Dios mío!
Y de esos interrogantes, la gran
reflexión: hubiese sido mejor que el idolatrado expresidente y hoy Senador de
la República  nos donara una transacción
electrónica, cuyo monto fuese similar a lo que él considera que vale el noble
animal, con el que encarta al sacerdote y a la mismísima Vieja Mello.
Me niego a creer, que Uribe Vélez siga
utilizando el trueque como forma de pago y desconozca la electrónica,  tal como lo hacía el Archiduque de Austria
quien vivió en el siglo XVI. 
Escribió: Luis Siosi Pino
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