Las empresas de carbón que operan en La Guajira gozan del estatus brindado por el gobierno, quien las cataloga como legales. Pagan sus impuestos y generan empleo como cualquier otra empresa del país. Sin embargo, y más exactamente en la minería “no todo lo que brilla es oro”.

Es ya bien conocido que la explotación de carbón genera un deterioro ambiental. Al levantar la corteza vegetal para extraer el carbón se genera erosión, la cual aumenta el riesgo de inundaciones. La minería a cielo abierto genera ruido, así como también lo genera el transporte de este “preciado-despreciado” mineral. Y este tipo de extracciones y movimiento de carbón generan contaminación del agua y del aire. En consecuencia la flora y fauna sufren.

El problema de la explotación de carbón a cielo abierto no para allí. Los cortes a profundidad que deben hacerse para la extracción dañan los acuíferos y corrientes subterráneas, con lo cual se altera el equilibrio de los ecosistemas presentes y por ende las sequías pueden ser más crueles. Este descompesamiento del suelo a causa de este tipo de minería puede ser un factor que ayude en la generación de sismos o movimientos telúricos.

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Estudios muy serios corroboran que los sismos se incrementan en zonas cercanas a minas de cielo abierto de carbón. Con lo cual, es más fácil entender porque este tipo de movimientos se han vuelto más frecuentes en La Guajira, la cual no está preparada para afrontar este tipo de catástrofes. Panorama oscuro para este departamento, si se tiene en cuenta que en sus entrañas yacen algunas fallas geológicas.

Pero cuando todo no podía ser peor y cuando ya parecía que la minería en el departamento había tocado fondo, Bogotá y Albania ya decidieron que el Arroyo Bruno debe ser desviado para que debajo de sus aguas la extracción de carbón siga su marcha galopante.

La locomotora minera sigue arrasando y al parecer por lo menos en La Guajira no tiene intenciones de parar. Al parecer, los miles de niños indígenas muertos por hambre y por sed han sido suficientes para frenar la barbarie en el departamento. Las sequías en los veranos y las rápidas inundaciones con esporádicas lluvias no llaman la atención de los burgueses, mientras sus lacayos compran con migajas la conciencia de los infelices nativos para que con su valiosa huella y en el mejor de los casos una firma, accedan a los oscuros intereses de las perversas multinacionales. No creo que los compren a todos, porque el Rio Ranchería y sus afluentes son el sentir de un pueblo casi maldito por sus riquezas, pero unido por su sentido de pertenencia.

Me pregunto qué pasaría si descubrieran que en todo el departamento hay carbón. Nos echarían a vivir al mar? O a eso tampoco lo llamarían una minería criminal?.

Escribió Stivinson Rojas Atencio

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