Luis López Suárez, una ‘maquinita’ histórica del periodismo guajiro

Para comienzos de los años 60, cuando el periodismo era estéril en La Guajira, a pesar de ser una tierra llena de curiosas historias con una pequeña población en cuya cultura se veían tradiciones de inmigrantes árabes y europeos que al pasar del tiempo fueron combinadas con esas pizcas de sabor costeño; Luis López Suarez, uno de los primeros periodistas de La Guajira, apareció en la escena de la información para dar a conocer hechos de interés a los guajiros en los medios de comunicación regionales.

López asegura que en aquella época decidió iniciar su carrera periodística laborando en el diario El Informador de Santa Marta. “Yo era el único periodista de La Guajira en aquel tiempo, ponía a mis hermanos a vender los periódicos, quienes lo compraban eran aquellos que no eran guajiros, venían de afuera con hábitos de lectura y hasta apartaban su ejemplar por mes”.
Este comunicador afirma que cuando la gente veía una noticia de La Guajira en periódicos regionales, se despertaba su interés para la compra de cualquier ejemplar, situación que él aprovechaba para seguir cubriendo hechos noticiosos en el territorio.
Mientras pasaba por el informador, recibió una llamada de la emisora Ondas del Caribe, así mostraba las noticias con su voz y con el movimiento de sus dedos coordinados con su pensamientos periodístico en una máquina de escribir.
“En aquella época en la guajira se manejaba mucho el periodismo político, algo que causaba peleas; a pesar de esto la gente me buscaba constantemente para mostrar sus apreciaciones. La gente se fue acostumbrando a esos únicos medios de comunicación que hablaban de La Guajira”.
Para el año 1966, cuando La Guajira ya se había convertido en departamento, López llegaba a la emisora La Voz del Cesar y laboraba simultáneamente en el periódico La Época de Santa Marta. Los habitantes de la península escuchaban un tono de voz claro y serio para relatar sucesos. Nunca faltaban aquellos eventos sociales como matrimonios y cumpleaños, donde las personas mostraban amplias sonrisas eufóricas; algo que para los medios era de vital importancia.
El gusto por sentarse varias horas frente a una máquina de escribir y mover sus dedos con una notable rapidez para transformar ese hecho noticioso en un escrito entendible para el lector, provocó que sus amigos lo apodaran ‘maquinita’, seudónimo que el recibió con agrado.
“El periodismo nace, eso se lleva en la sangre. Yo era de los que cuando escribía una cuartilla, la revisaba una y otra vez; a veces la volvía a escribir porque no me gustaba como estaba redactada”.
Este periodista guajiro laboró con los periódicos El Tiempo y El Espectador, en los cuales se deleitaba escribiendo crónicas que representaban la vida de personajes y poblaciones guajiras.
Su trabajo durante la bonanza ‘marimbera’
Cuando algunos guajiros vivían esa prosperidad generada por el tráfico de marihuana, la libertad de expresión se vio amenazada por la hostilidad que reinaba en la península. “Lucho te van a matar como sigas sacando esas noticias, eso era lo que me decía mucha gente, pero yo no les prestaba atención. Recuerdo que en cercanías a Camarones mataron a 3 gringos. ¿Cómo conseguía yo esas fotos? Eran cuestiones mías, pura habilidad periodística”.
‘Maquinita’ llegó a pasar por encima de cinco a diez muertos ejerciendo su profesión, acompañado de oficiales de Policía, se sintió protegido ante la amenaza latente  de finales de los años 70, donde era más conveniente guardar silencio que delatar a aquellos ‘marimberos’.
“Todo eso movía la compra de periódicos, la gente quería ver los muertos y los capturados. Recuerdo una vez cuando un avión de la Fuerza Aérea Colombiana trataba de derrumbar  una avioneta de algún marimbero, los dos sobrevolaban sobre el casco urbano de Riohacha, pero el avión de la FAC solamente le disparaba sin tratar de derrumbarlo. La avioneta del traficante tenía como abastecerse en el aire y logró surcar los cielos hasta que el avión de la Fuerza Aérea tuvo que buscar la forma de cargar combustible”.
Tribuna Guajira
Cuando transcurría el año 1981, ‘maquinita’ decidió poner a tono su espíritu emprendedor con su amor por el periodismo para crear el periódico quincenal Tribuna Guajira un esfuerzo por mostrar la realidad de la península desde una perspectiva independiente y que incluyera las voces de las comunidades afectadas.
“Uno debe escribir para el lector, quien es el que aprecia lo que hace el periodista. En Tribuna Guajira escribí muchas crónicas y reportajes donde relataba la vida de los pueblos y personajes de nuestro departamento”.
Luis López confiesa que cubrió pocas noticias de crónica roja y de deporte. Escribió mucho sobre los indígenas wayuu, mostrando las realidades que vivían a diario. Mostrando su admiración por el fallecido historiador guajiro Benjamín Espeleta Ariza, revivió historias ancestrales de la etnia local.
Airampo, su creación literaria
Además de mostrar sus capacidades en aquella redacción escueta que amerita la noticia, López Suárez ha decidido sacar a flote su creatividad sin obstáculo alguno para escribir la novela Airampo.
“Una vez iba caminando y vi en el piso en un periódico el nombre de Airampo y me inquietó; luego busqué el significado y se refería a esterilidad, infertilidad, de inmediato decidí que era un buen nombre para mi novela dadas las condiciones similares al territorio guajiro”.
La novela trata de una guerra entre dos familias indígenas basada en la pérdida del honor o la virginidad de una majayura o mujer wayuu, la cual fue abusada sexualmente. “Las familias escogen el sitio para llevar a cabo la disputa y a ese lugar le pongo Airampo”.
Lucha contra enfermedades en su vejez
Luis López Suárez, quien fue por muchos años un hombre cuya fuerza lo llevaba a todos lados para cubrir hechos de interés general, hoy camina despacio, como si contara cada paso, la desviación de su columna y la enfermedad de Parkinson que sufre, les restringen la mayor parte de sus movimientos. Aun así, no se olvida de sus buenos amigos, tiene una voz clara y entendible, escucha con claridad las preguntas y responde con una memoria prodigiosa y una notable lucidez.
En la mecedora donde está sentado toma un vaso de agua y empieza a luchar contra su enemigo el Parkinson, es una batalla de varios segundos, mientras su mano tiembla sin cesar, lograr transportar el vaso desde la mesa de centro hasta su boca. ‘Lucho’ demuestra que de las batallas que ha ganado en su vida, en ésta no se rinde, en compañía de sus seres queridos, logra saltar los muros que le han armado sus enfermedades.
‘Maquinita’ confiesa que en los últimos años se ha dedicado a descansar porque los años “se lo están comiendo”, sin embargo, todavía no pierde ese amor por las ramas periodísticas y busca siempre permanecer informado.
Escribrió Nelson Rodelo Celedón

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