La desnutrición sigue atacando a los niños wayuu

Los operativos realizados la semana pasada en el municipio de Uribia, por un equipo interinstitucional, donde encontraron a cuatro niños wayuu con desnutrición severa aguda, revelan que el tema requiere de unas medidas especiales que no se combaten solo con la entrega de alimentos y agua, es el tema de pobreza extrema en que viven muchas familias indígenas wayuu, ubicadas en un territorio disperso donde la presencia del Estado es casi nula.

Las circunstancias que rodean el tema de esas familias wayuu va más allá de lo cultural, donde los funcionarios culpan de la manera más fácil a las mamás que prefieren brindar el poco alimento al hombre y por último a los niños lo que no es  cierto, pero es la excusa perfecta para salirle al quite a las reclamaciones propias de la comunidad.

En el citado recorrido, a esas dos comunidades wayuu ubicada una a 20 minutos y otra a casi una hora de Uribia, fue evidente encontrar el drama de la pobreza extrema, los niños descalzos, en viviendas pequeña de barro de una sola habitación donde duermen hasta siete miembros de una misma familia, sin ningún tipo de alimentos que preparar, y unos padres sin trabajo esperando solo la poca ayuda de las instituciones.
Es evidente que al pasar del tiempo la forma de vida de las familias wayuu ha cambiado, el territorio sufre por la sequía no es posible sembrar para al menos contar con alimentos propios, además de la falta de acceso al trabajo, a lo que se suma la incidencia de otros que de una u otra forma atentan contra su cultura.
Las familias wayuu se han quedado en el tiempo, por eso es importante que sus líderes naturales les ayuden a entender los cambios, que ya nada es igual, que no llueve como antes, que deben traer al mundo el número de niños que puedan criar, que deben capacitarse para trabajar y no para vivir de los programas asistencialistas del Estado, y que tenga claro que es mejor que sus recursos se inviertan en verdaderos programas que les ayuden a todos a una mejor calidad de vida.
Esas y otras circunstancias deben ser estudiadas con responsabilidad por todas las instituciones, para plantear otras soluciones que garanticen la vida de los niños, porque no es solo agua y entrega de alimentos.
Las famosas EPS deben ser más diligentes así como buscan a las familias wayuu para que se afilien, deben visitarlos permanentemente, no cansarse de las negativas del momento, y seguimiento a los casos de niños desnutridos.
La angustia de las mamás cuando les arrebataron a sus pequeños para garantizarles la vida, por un grupo numeroso de funcionarios acompañados de medios de comunicación para demostrar que están trabajando, debe dejar una lección de vida, no se preguntaron ni mostraron interés en observar a su alrededor

Los niños quedaron en una clínica acompañados de sus mamás, los que regresaran a sus rancherías cuando estén recuperados nutricionalmente, para volver a sufrir las consecuencias de la pobreza, y de unos padres sin trabajo.

1 Comentario

  1. A los indígenas hay que garantizarles su alimentación y subsistencia dentro de su entorno natural y cultural. Proporcionarles agua y semilla para que cultiven, mientras tanto suministrarles el alimento producido, brindarles la asistencia técnica necesaria para que su tierra produzca. Se debe procurar que las madres estén bien fuertes para que puedan parir y criar unos niños sanos. Hay que observar el panorama completo y el impacto que la explotación y el transporte de carbón causan a los habitantes de nuestra Tierra, incluyendo el alejamiento de los peces en la alta Guajira, por el ruido producido por las embarcaciones que se llevan el carbón.

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