No me avergüenzo de mi trabajo, pero es muy difícil vivir así

Se trata de Jorge Mario Calderón Camargo, un vendedor de frutas que sueña con ser abogado. 

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“A veces me siento cansado, pero saco fuerzas de donde no las tengo porque mi deber es llevar el pan de cada día a mi familia.  Deseo cambiar esta forma de vida: Sueño con estudiar Derecho y hacer una especialización para ser el mejor abogado de Colombia”.
Calderón Camargo tiene 33 años y 11 vendiendo frutas en la calle 3 con carrera 7, en el Centro Histórico de la capital del departamento de La Guajira.
Trabaja para el sustento de su familia, pagar los estudios de sus tres hijos y el arriendo de una humilde vivienda en el barrio ’San Francisco’, de Riohacha.
Su esposa Eliana Maestre le ayuda vendiendo minutos para aumentar los ingresos familiares y contribuir con los gastos que genera la manutención de sus hijos: dos varones y una niña, de 17, 14 y 8 años.
Hijo de Adolfo Calderón e Ilsa Camargo Ojeda, Jorge Mario siempre supo que para ser alguien en la vida, tenía que estudiar.  Fue así como inició sus estudios primarios, se esforzó por ser un buen bachiller y logró estudiar tres semestres de Contaduría en la Universidad de La Guajira.
“Me hubiese gustado estudiar Derecho, pero no había ese programa en la Universidad de La Guajira”, -explicó-. A pesar de tantos esfuerzos, no pudo seguir los estudios de Contaduría porque sus escasos recursos económicos, no le alcanzaban para seguir en la universidad y menos aún para trasladarse a otra ciudad para estudiar Derecho.
Fue entonces cuando se decidió por el trabajo que realiza en la actualidad, el cual si bien no alcanza para vivir cómodamente, -como él dice-, “le permiten sobrevivir a él y a su familia”’.
Por el espacio público que ocupa, cada rato le toca ‘pelear’ con funcionarios de la alcaldía de Riohacha, pero ‘no hay de otra’, se justifica Jorge Mario y afirma: “La verdad es que si yo estoy acá no es porque me agrade, sino porque ésta es la única forma que tengo para mantener a mi familia.  Deseo estudiar Derecho en la Universidad de La Guajira’, vuelve e insiste, ‘pero el dinero que me produce la venta de las frutas no me alcanza.  Le pido a Dios que un futuro no muy lejano pueda realizar mi sueño”, exclamó.
Al notar su convicción, le preguntamos: ¿De qué manera piensa usted que estudiar Derecho puede transformar su vida y la de su familia?,  y vehementemente respondió:
“Pienso que podré brindar a mi familia el bienestar que se merece y un mejor futuro a mis hijos.  Estar ‘peleando’ por ocupar el espacio público es muy engorroso.  Tal parece que fuera un bandido” y recalcó con una profunda tristeza reflejada en su rostro: “No me avergüenzo de mi trabajo, pero es muy difícil vivir así”.
Y es que trabajar 12 horas continuas, de 6:00 de la mañana a 6:00 de la tarde no es fácil. Jorge Mario, el hombre que ofrece sus frutas a las personas que día tras día realizan sus diligencias en el Centro Histórico de Riohacha dice que llega tan cansado por las noches a su casa, que solo demora instantes para conciliar el sueño y solo piensa en levantarse muy temprano para repetir la misma historia del día anterior.
Yo soy una persona humilde y si logro subir de posición, me acordaría de todas las personas que como yo han pasado tanto trabajo en la vida y les ayudaría de una u otra forma’, afirmó.
El hombre que irradia alegría y optimismo ante su numerosa clientela, no oculta su preocupación cuando piensa en el futuro de sus hijos.  Eleva sus ojos al cielo como queriendo auscultar lo que Dios, la vida y el tiempo les depararán y exclama:
‘Yo le digo cada rato a mis hijos que estudien y me pongo como ejemplo.  Les repito que si ellos estudian no van a pasar trabajo como yo.  Eso no lo quiero para ellos.
Sé que no debemos ocupar los espacios públicos, pero ¿Qué otra cosa podemos hacer? Tenemos una familia que mantener y no podemos dejarla morir de hambre ni dejar a nuestros hijos sin estudios.
Eso sería aún peor. Aumentaría la pobreza y también la inseguridad.  Servimos como guía a las personas que llegan a Riohacha. Muchas veces nos convertimos en Policías de Tránsito, e indicamos a los turistas las vías que deben tomar.
Solicito a las autoridades que por favor nos dejen trabajar”, -dijo- y acto seguido me sorprendió con una pregunta:
“¿Se imagina a un hijo suyo con hambre y no poder darle de comer? Eso desespera a cualquiera y uno no sabe qué hacer’’, respondió sin darme tiempo a pensar y enseguida expresó:
‘Riohacha es una ciudad tan próspera que si usted vende agua, le compran y  puede sobrevivir.  Es mejor trabajar que andar pensando en quitarles el celular a las personas.  Ese no es el camino.  En verdad deseo que sigan mi ejemplo si no tienen una profesión.
Mi madre fue padre y madre para mí.  Me enseñó las cosas que se deben y las que no se deben hacer. Nunca pasó por mi mente tomar un peso sin su permiso”, enfatizó el hombre que vende frutas en el Centro Histórico de Riohacha, que sueña con estudiar Derecho y algún día ser el mejor abogado de Colombia.

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