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Uno de los primeros pintores que Riohacha vio nacer hoy descansa las horas del día en su hogar. Su vejez, la cual acumula  gratas experiencias alrededor de su vida lo acompaña junto con su familia. Antonio Márquez se siente frustrado porque aun tiene unos deseos inmensos de plasmar con pinceles numerosas ideas que se pasean por su mente artística; lamentablemente una enfermedad se lo impide.
Ahora no puede cerrar bien sus manos, un saludo para él es complicado, tratar de agarrar un pincel y empezar a edificar una obra de arte es muy difícil; mira sus dedos con nostalgia, como si ellos se le hubieran puesto en su contra después de ponerlos en una fructífera actividad.
El teatro Aurora: su primera escuela Antonio Márquez es un pintor wayuu nacido el 26 de diciembre de 1940 en Riohacha. Al culminar sus estudios de bachillerato, una curiosidad repentina le surgió por la pintura, se sintió atraído por los múltiples colores y figuras plasmados en suaves lienzos.
Después de adquirir conocimientos de pintura de forma empírica, a finales de los 60’s, vio como en el antiguo teatro Aurora necesitaban a alguien que dibujara las carteleras de las películas que se iban a presentar, en ese momento, Márquez divisó la oportunidad perfecta para desarrollar su talento.
Después de una prueba que le hizo el administrador del teatro Alfredo Ortega, se estableció como roturador oficial del establecimiento.
“Recuerdo mucho al teatro Aurora porque ese fue mi escuela y mi universidad, el señor Ortega no me dijo en esa prueba que yo lo hacía perfectamente, pero le gustó; lo que sí me dijo fue que ahí me iba a pulir,cuando escuché esa frase de inmediato supe que me había aceptado para el trabajo”.
En su mayoría, sus obras son dedicadas a dar a conocer la cultura Wayuu.
Márquez asegura con un tono de voz bajo pero  bastante claro, que de niño no sintió inclinación alguna por el arte de pintar, aun siendo joven en medio de travesuras adolescentes no soñaba con materializar sus pensamientos en diversos lienzos. “Por ahí como a los 28 o 30 años fue cuando me fui por este arte, descubrí que podía pintar y me gustó mucho”.
Inspirado por la cultura wayuu Antonio Márquez lleva en su sangre raíces wayuu, sus padres pertenecen a esta etnia y toda una comunidad indígena lo rodeó de costumbres y conocimientos ancestrales. Esto le sirvió de inspiración para sus obras, al ver como muchos indígenas pescaban en alta mar o como las indígenas con admirable destreza y creatividad tejían las mochilas, decidió usar el óleo, el acrílico y otras técnicas de pintura para homenajear a su etnia madre, aquella que le brindó los principios y valores que hoy conserva.
“Yo trabajo de todo: retratos, paisajes, bodegones, y mucho más, pero me gusta más la cultura wayuu porque es como una forma de plasmar lo que hace mi gente. Los paisanos que viven en la Alta Guajira padecen de muchas necesidades, sin embargo, hoy en día el Gobierno los está ayudando mucho más. Todas esas vivencias me gusta verlas plasmadas en mis cuadros”.
Pionero de la enseñanza de este arte
Antonio Márquez
“Cuando puse mi taller en una edificación que se encontraba en lo que hoy es el hotel Gimaura y con los conocimientos que había adquirido con el pasar del tiempo, fundé la escuela de dibujo y pintura Antonio Márquez. Esa fue la primera en Riohacha. Ya había adquirido más conocimientos sobre pintura, serigrafía, y de cómo enseñar”.
Los frutos recogidos de esas enseñanzas hoy se ven en Riohacha mostrando su dote artísticos. Antonio Márquez se siente satisfecho al saber que todo ese talento que él ayudó a explotar hoy es valorado por muchos guajiros.
Uno de los artistas que más admira es al famoso pintor holandés Rembrandt Harmenszoon van Rijn o simplemente Rembrandt, por su popular estilo conocido como el claroscuro, una técnica de pintura que consiste en el uso de contrastes fuertes entre volúmenes, unos iluminados y otros ensombrecidos, para destacar más efectivamente algunos elementos.
“Admiro a muchos autores nacionales y extranjeros, cuando veo sus obras me gustan mucho y de cada uno voy tomando algo para mis pinturas, sin embargo, Rembrandt con esa técnica me llama mucho la atención y busco aplicarla en la mayoría de mis obras”.
Los cuadros de Antonio han llegado a varios países del mundo debido al encanto de muchos turistas por los paisajes y la cultura del Departamento. De igual manera, los colombianos en distintos lugares de la geografía nacional cuelgan en las paredes de sus casas una obra de este autor wayuu.
El aporte de Antonio Márquez a la cultura wayuu no tiene precio. Hace pocas semanas, la Dirección de Cultura Municipal le brindó un homenaje a este guajiro por su trayectoria artística. Hoy, él solo espera que sus manos algún día le respondan para poder plasmar nuevamente sus creaciones de la ancestral cultura wayuu.
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