El combustible del crimen

Decir que la culpa no es de la gasolina y que es de los transportadores, comercializadores y compradores; del mandatario de turno  o más bien,  del sistema de justicia y de las máximas esferas del Estado; sería como dice el Profesor Roberto Suarez,  fritar todas mis neuronas en unas conclusiones absolutamente superficiales.
El contrabando de gasolina, es un acto naturalizado por todas las razones que las interpretaciones sociales nos pueden ofrecer.
Los principales argumentos, vienen desde el determinismo geográfico, pues en La Guajira, como en muchos lugares de fronteras, el intercambio de mercancías es una construcción social y económica. Dichas construcciones, se respaldan en procesos de tradición  histórica y cultural.
Otra razón, citando no a los científicos sociales, si no a los contratistas más populares del país,  los primos Nule, es que como “la corrupción es inherente al ser humano” en los retenes de ambos países, es casi imposible, controlar los sobornos derivados del contrabando.
Pues atendiendo a la premisa de los Nule, los retenes de las autoridades son parte de la representación estatal. La representación estatal se ejecuta a través de sus funcionarios y
los funcionarios, evidentemente humanos,  sucumben bajos los tentáculos de la corrupción.
Entonces, ¿De quién es la culpa? Es de los secretos a voces, dado a que si el negocio fuera solamente llenar los carros con gasolina, hasta yo dejara mis estudios para tener mi propia red de distribución. Que entre otras cosas,  es un negocio muy rentable.
No obstante, este negocio es mucho más complejo de lo que creemos. Primero, se debe trazar la ruta desde la frontera con un punto neurálgico como  Albania o Cuestecita,  llegar a la provincia y seguir distribuyendo.
Adicional a eso, se debe asegurar la lista de los funcionarios que deben ser sobornados. En cuanto a las autoridades locales, el tema tiene dos posturas con un mismo efecto.
La primera, respaldada en  la idea que el contrabando de gasolina es una actividad económica necesaria e incontrolable, por lo tanto,  al estilo francés  “laissez faire, laissez passer” es decir, dejar hacer, dejar pasar.
La otra postura,  es no hacerle frente al problema por miedo y respeto a la propia vida. Desafiar a las redes criminales, es autocomprarse el tiquete al mundo de los muertos y ya pasaron las épocas de los inmolados, en nombre de la lucha contra la corrupción.
El punto es que la naturalización del contrabando, ha permitido que se cree de forma paralela la naturalización del crimen, de los bandos, los grupos al margen de la ley, el pago de deudas adquiridas en el negocio ilícito, la defensa violenta de los territorios.
Estas rutas ya aseguradas, se convirtieron en las rutas perfectas, para acompañar el comercio de estupefaciente con el plus de las actividades de la Contrainsurgencia wayuu.
Insisto, la  comercialización de la gasolina se convierte en la ruta de la criminalidad, que ha generado una  lista significativa de muertos, ha comprado puestos, ha efectuado un sin número de transacciones financieras a través de los sobornos  y por supuesto, el narcotráfico  se convierte en otro ingrediente vital de  este cóctel con sabor a ilegalidad.
¿Qué hacer? Para responder, pensé en aquella frase  patriótica que dice “en este país los buenos somos más” y a su vez que en el refrán que reza  “una sola golondrina no hace verano.” En consecuencia, hay que armar el bloque administrativo, jurídico  y policial, para en conjunto hacer la cartografía del crimen en el departamento.
El gobernador y el alcalde en su territorio son la primera autoridad de policía y deben asumir el liderazgo con  acciones articuladas, pues son las que dan resultados en los procesos de intervención pública para la conservación de la seguridad y la convivencia.

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Cuando todos hablamos el mismo idioma, no se improvisa y se es contundente en el impacto y disminución de las redes criminales.

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