Es que somos muy pobres

Esta  joya de la literatura latinoamericana del escritor Juan Rulfo, me recuerda lo que he podido leer en el último año sobre las malas y desalentadoras noticias  que se escriben sobre el departamento de La Guajira.
Primero, fue la historia del “gobernador del miedo” que ocupó la atención de los medios nacionales e internacionales. Una  historia que presentaba relatos de impunidad, injusticia y muchas armas. Después fue el cubrimiento de la extrema sequía a mediados del 2014, este flagelo producto de la “inclemencia del clima”, despertó la caridad del pueblo colombiano para enviar a la península  agua y así salvar la vida de los guajiros.
Siguió el operativo en el extranjero, donde capturaron al ciudadano Marcos Figueroa alias “Marquitos”  y se supo a voz populi algunos detalles de su red criminal en el departamento, se desvió la atención de la crisis hídrica y se focalizó nuevamente en la historia que tiene muchos matices sobre paramilitarismo, la narco- estética de las mujeres de Figueroa, armas, asesinatos e impunidad.
Por estos días, somos testigos de los señalamientos  a  los candidatos para la Gobernación de La Guajira, la señora Oneida Pinto y el señor  Ovidio Mejía, ambos han tenido que desde ya aclarar a la opinión pública quienes y con qué intenciones son sus padrinos, sus allegados y sus aliados políticos.
Y siguiendo con el cuento de Rulfo, podríamos decir “aquí todo va de mal en peor” pues en el cuento del escritor el río se creció, en La Guajira el río se perdió, se lo robaron.
Todo esto ha dibujado en el imaginario colectivo y en la audiencia nacional, la situación de un departamento con absoluta pobreza, con una significativa tasa de  desnutrición infantil y además con un fuerte rezago económico.
La explicación para todos los males es la corrupción y la falta de gobernabilidad.  Sin embargo, yo creo que estas enfermedades políticas, económicas y sociales pueden ser realmente superadas, a través de un programa de gobierno decidido, que diseñe y ejecute de forma eficiente, una política donde el objetivo principal sea la restitución de la dignidad del pueblo guajiro.
Una reivindicación no desde el marketing de nuestra etnia, si no desde  las garantías de los  derechos fundamentales, como por ejemplo el derecho al servicio del agua de forma eficiente.
Para eso es fundamental, que todos los sectores públicos, privados, movimientos sociales, culturales y demás organismos,  presenten su voz e ideas para generar acciones concertadas y articuladas. No podemos quedarnos en lamentar la situación de La Guajira, a La Guajira hay que pensarla y planearla para las próximas generaciones.
Tenemos que ir más allá de la economía extractiva que nos caracteriza, tenemos que ir más allá  de sacar a los niños Wayúu  para ser atendido en situación de gravedad por  el Estado; pues el Estado representados en sus funcionarios debe asumir su responsabilidad,  garante y protectora haciendo  presencia en cada espacio habitado  de nuestro territorio.
Cómo dice un dicho popular, “el que no sabe para dónde va, cualquier bus le sirve”  por eso esperamos que durante los próximos gobiernos, se diseñe un plan sostenible y de impacto para nuestra problemática, que los recursos públicos como dice el Maestro Mockus sean absolutamente sagrados y así  podamos decir ‘Es que somos muy ricos’.
Escribió Sandy Marcela Barros Corpas

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