Carmen Ileidis Ibarra Campo: Una guajira danzando por La Guajiridad

“Cuando estudiaba danzas, no tenía identidad cultural, porque estuve mucho tiempo, preparándome académicamente fuera del departamento. Soy una guajira que se fue enamorando de su tierra poco a poco, al llegar de la universidad. Debemos reconocer que vivir por fuera de nuestra ciudad,  nos resta identidad”.

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Quien así se expresa es Carmen Ileidis Ibarra Campo. Una mujer emprendedora nacida en Barbacoas, corregimiento de Riohacha, docente de un colegio oficial y directora de la Escuela de Danzas ‘Juacar’.
En un diálogo sencillo, ameno y abierto, – así como su personalidad – , la profesora Carmen Ileidis nos cuenta su historia, partiendo de la falta de arraigo que otrora tenía con su departamento y su ciudad.
No olvida que en ciertas vacaciones uno de sus maestros le dijo que hiciera un trabajo sobre las danzas de su departamento, a lo cual respondió:
“Será sobre la Yonna, porque es lo único que hay  allá. Yo desconocía por completo las danzas del departamento de La Guajira. Desde ese día me interesé por investigar sobre las danzas nativas: De allí nació el concepto artístico de La Guajiridad”, recuerda la artista que aprendió a amar desde la distancia a su tierra y en las giras deja en alto su nombre, porque ahora conoce palmo a palmo la riqueza multiétnica y pluricultural de  esa Guajira donde Dios hizo que naciera y que tanto aprendió a amar.
Ahora cuando la artista visita distintos países del mundo, el primer tema que prepara es ‘La Guajiridad’. Le preguntamos por qué lo hace y responde:
“Porque es un tema que habla mucho sobre La Guajira y a la gente le encanta”. Entonces  agrega con mucho sentido de pertenencia y una alta dosis de picardía: “Espero que los que la repliquen – alarga y enfatiza intencionalmente las palabras -los que la repliqueeen, del verbo Replicar,  nos den el crédito, porque le pertenece a ‘Juacar’.
Llevados por la curiosidad le preguntamos a la Seño Carmen como le decimos cariñosamente, en qué consiste el tema ‘La Guajiridad’,  y esto fue lo que nos explicó:
“El tema Guajiridad es un montaje especial, donde yo plasmo ese sentir… ese sentimiento… esa ausencia que había en mi corazón con respecto a mi identidad”.
El curso de la conversación va matizando lo profesional con lo personal:
“Hablando de identidad, yo soy totalmente barbacoera. Casada con Absalón Mena Mena, un chocoano que conocí en el año 84 antes de ser bailarina y antes de ser universitaria. Tengo dos hijos: Olmar Absilir  y Carmen del Carmen.
Una sonrisa contagiosa resplandeció en su rostro al afirmar: “Soy muy feliz”.
De repente notamos a la docente un poco absorta, vuelve a la realidad y dice: “Tengo un equipo profesional que me apoya, porque estamos en la misma sintonía. Nos gusta viajar y disfrutamos ser embajadores de nuestra cultura, porque nos sentimos orgullosos de interpretar el folclor de La Guajira y el folclor nacional. Esto nos une, nos identifica y estamos convencidos de querer hacer este trabajo hasta el resto de nuestros días.”
En el camino se enderezan las cargas
Durante diez años, la directora de ‘Juacar’ comía, dormía y vivía en función de la danza y tenía su hogar ‘de ladito’ como ella misma lo definió. En ese entonces alternaba las actividades de las danzas con las clases en un colegio de la ciudad y el tiempo que le quedaba para compartir con su familia era muy escaso.
“Poco a poco todo fue cambiando y las cosas se ubicaron en su justo lugar. Trabajo en  la Escuela de Danzas algunos días de 2:00 a 9:00 y otros días, de 2:00 a 6:00. Este horario es sagrado, como lo es el tiempo de mi hogar. Sábados y domingos son para mi familia y los días de ensayos  también se respetan”, enfatizó la artista con un gesto serio que denota la importancia que para ella tiene su vida familiar. “Trato de no desbordarme como lo hice del año 93 al 2003.”
Ríe abiertamente y dice: “Eso era una locura. Yo vivía en función de la danza las 24 horas del día, pero fui colocando cada cosa en su lugar. Dios me fue dando los espacios para cualificar mis actividades. Eso me permitió hacer lo que me gusta hacer, pero cada cosa en el momento justo y en su tiempo”.
Quedan muchos temas por fuera de este diálogo con la seño Carmen, pero debemos llegar al final.  Si Dios nos lo permite, en otra oportunidad seguiremos conversando con esta mujer que después de la falta de identidad y sentido de pertenencia por su tierra, aprendió a amarla intensamente y con su equipo, danza llevando por el mundo entero su “Guajiridad”.
Al final  nos recuerda: “Cuando otro grupo de danzas desee replicar el tema “La Guajiridad”, que lo hagan, pero respetando nuestra creatividad, dándole todo el crédito a la Academia de Danzas ‘Juacar”.

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