Por Alcides Alfaro Guerra
Redactor de LGH

El cierre unilateral de la Frontera con el vecino país, tiene en jaque la economía de los pueblos que se alimentan del intercambio comercial entre las dos naciones a través de los tradicionales vínculos mercantiles, mediante los cuales los comercializadores llevan y traen de manera informal y en cantidades pequeñas productos que Venezuela necesita y los que de ella se sirven los colombianos.

Desde el pasado 7 de septiembre del 2015, la situación en el fronterizo corregimiento de Paraguachón, no es igual, ya no hay pasajeros a quien venderles los bolívares, los bocadillos, los jugos, las arepas ni la comida que habitualmente los pasajeros que entraban y salían consumían en los improvisados restaurantes en la conocida raya.

La frontera sigue cerrada y continúa menguándose el 'plante' de muchosEn este momento, y gracias a una breve laxitud de la guardia venezolana, quienes tienen su pasaporte, pueden ingresar, después de varias horas de espera, dependiendo del genio que en el momento tenga el comandante de la patrulla.

No tienen igual suerte, quienes ejercen su actividad comercial o turística, de manera informal, al punto que sus documentos no estaban en regla y que en otrora, cruzaban la frontera aprovechando el compadrazgo con el jefe de la guardia o valiéndose de la astucia del conductor del carro de servicio interfronterizo que conoce la manera de pasar colombianos y venezolanos, sin que les soliciten documentos a sus pasajeros.

El cierre de la frontera ha tenido sus daños colaterales en la economía de Maicao, donde varias empresas ya han cerrado sus puertas y han dejado cesantes a sus colaboradores, debido a que quienes les compraban, dejaron de pagar sus cuotas y han preferido devolver electrodomésticos, estufas, colchones, neveras entre otros, debido a la falta de efectivo para cancelar sus obligaciones.

Todo lo anterior, unido al temible fenómeno del niño que ha generado sequía, hambre y alzas impresionantes en los productos de consumo obligado, tiene acorralados a los ciudadanos. No hay plata para pagar nada. Las promesas del gobierno para fortalecer la frontera no se han materializado.

En Paraguachón están esperando que se cumpla lo que anuncio el Presidente Santos quien llego con sus ministros y sus promesas. Solo unos trabajos informales para barrer las vías públicas favorecieron a un sector.

El otro pedacito de sociedad, sigue a la espera que se mejoren las condiciones para poder seguir trabajando y quienes quieran ir a Venezuela a buscar parte de lo que queda en los supermercados, deben exponer sus vidas viajando por trochas, para lo cual consiguen inicialmente una moto en Paraguachon que los trasporta al otro lado, desde donde deben sortear la situación hasta llegar al vecino país.

La gente que vive de la frontera se alimenta de la esperanza y de los rumores de cada día, que en cualquier momento abren la zona, y muchas veces hasta manejan fechas y plazos.

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