“Los pobres también tienen derecho a morir dignamente”, Sonia Bermúdez Robles

Sonia Bermúdez Robles.

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Por Arianna López Ibarra, colaboradora de LaGuajiraHoy.com

Ella asegura amar a sus muertos, y ventilar las injusticias en su vida laboral constituye una prueba que debe ser superada. Anhela conseguir el apoyo de las autoridades locales, que se pongan en sus zapatos y sientan la misma imperiosa inquietud que ella siente hoy.

“¡A dónde irán los muertos, quién sabe a dónde irán!”, expresa la cantante Marbelle en su canción. Cualquier parecido con la realidad de Riohacha es apenas coincidencia.

El 8 de enero del presente año, Sonia Bermúdez Robles, Presidenta de la Fundación Gente como Uno, se presentó en las instalaciones del Concejo Distrital para expresar públicamente la situación que vive desde hace tiempo.

Relata que en una ocasión se vio obligada a subir por una escalera hasta un tercer piso para bajar sobre sus espaldas un cuerpo muertoen estado de descomposición. Ese día, la Fiscalía hizo presencia en el lugar, pero dijo: “eso no es competencia de nosotros porque él murió de muerte natural”.

Llegó la Sijín, y dijeron lo mismo: “no nos compete porque es muerte natural”.

Llegaron los Bomb1asonia_bermudez__ella_misma_abre_las_tumbas_y_entierra_los_muertos_cuando_le_toca__les_lleva_flores_y_agua__6eros y dijeron: “no nos compete porque solo nos dedicamos a apagar incendios”.

Llegó la Defensa Civil y dijeron: “no es competencia de nosotros porque no murió ahogado en un río o en el mar”.

“Por eso me llamaron a mí”, expresó Sonia delante de los Concejales, “eso sí es de mi competencia, porque esa es gente como uno”.

Obertura

Hace 27 años, aproximadamente, Sonia Bermúdez invadió un terrero a las afueras de Riohacha para sepultar a los cuerpos no identificados, indigentes y a los pobres de solemnidad, estos últimos susceptibles de recibir beneficios por parte del gobierno. El lugar lo llamó ‘Gente como Uno’.

Cuando ella contaba solo 13 años, Riohacha tuvo la necesidad de una asistente forense, y nadie más se atrevió a serlo. Tiene 46 años de experiencia, y cuenta que su primera necropsia la
realizó como toda una profesional. “Creo que es un don que Dios me dio, y aquí estoy en esta tierra sirviéndole a Él, no al hombre”.

No hapodido mandar a arreglar la camioneta donde transporta a los muertos. Sigue averiada porque el Municipio no le pagó el año pasado. “Me dejaron en el aire, pero la plata no lo hace todo… Es la voluntad, es el amor, porque esa es la fuerza que mueve el mundo”.

Y ella, asegura, ama a sus muertos. Ventilar este tipo de neceSonia Bermúdez, reclama de las autoridades indígenassidades en su vida laboral constituye una prueba que debe ser superada. Anhela conseguir el apoyo de las autoridades locales, que se pongan en sus zapatos y sientan la misma imperiosa inquietud que ella siente hoy. “Esta es una obra social de la que se deben sentir orgullosos los guajiros, porque es la única parte del mundo donde hay una obra de esta magnitud”.

Purificación

Si hay una razón en la que concuerden los católicos, cristianos, musulmanes, budistas y todos los que predican una fe, es la que afirma que la vida terrenal contiene a una vida espiritual; una no se separa de la otra.

“LasSagradas Escrituras afirman que nuestro señor Jesucristo murió, pero su Espíritu está vivo”, afirma Bermúdez.

Relata que a través de un sueño sintió que los muertos pedían su ayuda. Suplicaban clemencia en el Cementerio Central. Así que le pidió guía al Espíritu Santo, que le mostrara una señal para entender qué estaba pasando en el cementerio y por qué los muertos le solicitaban ayuda.

Poco tiempo después, una señora se acercó a su casa para pedir auxilio porque le iban a botar los restos de un familiar sepultado en el cementerio. Tomó esa penosa situación como señal, y decidió acompañar a la mujer.

En el lugar donde estaban los restos del cuerpo, encontraron “prácticamente un basurero de restos. Fue cuando acudí a la Iglesia para que me concedieran el permiso de meterme a recoger esos muertos”, indicó.

Sonia BermudezEn ese momento, recuerda, confirmó la revelación. “Las masacres y esa cantidad de muertos que habían en Riohacha se debían a que esa cantidad de espíritus andaban inquietos en el ambiente, y se chocaban con los jóvenes que estaban borrachos y bajo los efectos de la droga, y los llevaban a cometer todos esos actos vandálicos”.

Por algo que considera como solicitud espiritual de sus muertos, Sonia decidió limpiar todo el cementerio central.

Purgatorio

“En Riohacha me catalogan como loca porque vivo buscando los muertos que no tienen familia, que no son nada mío. Pero a mí no me importa lo que piense el hombre; me interesa lo que Dios me tenga en cuenta y lo que los espíritus de mis muertos tengan en cuenta”, expresa.

El celador del Cementerio Central le exige que cuando lleve un cadáver para prepararlo, debe tener una orden de la Alcaldía, una de Medicina Legal y una de Jefferson Ariza, párroco de La Catedral Nuestra Señora de los Remedios. De lo contrario, le negaría la entrada.

El Cementerio Central es propiedad del Municipio, pero desde hace más de 20 años la Curia lo administra. Bermúdez asegura que todo lo que produce el Cementerio va a las arcas de la Iglesia, y la Alcaldía es la que paga al sepulturero, al jardinero, al electricista y a todos los trabajadores directos e indirectos que se requieran.

En una sesión extraordinaria, Sonia Bermúdez solicitó el apoyo del Concejo Distrital de Riohacha para que le concedan los dos espacios destinados a la preparación de los cadáveres en el Cementerio Central.

“¡Oigan, señores Concejales! ¿Qué pasa? ¿Dónde está la autoridad municipal? Fallece un N.N, y cualquiera de ustedes va a la Curia a pedir que le presten una bóveda, y les dicen que tiene un valor de 450 mil pesos”.

De manera muy respetuosa, pero vehemente, expresó que algunos le están poniendo problemas por el estado en que se encuentran las morgues, pues los restos de los muertos los dejan tirados en el Cementerio.

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“Que me den la que está adentro y la que está fuera; una me sirva como laboratorio para preparar, organizar y vestir a los muertos, y la otra que sirva como una oficina de orientación al usuario”.

Por un lado, el procedimiento de preparación de cuerpos muertos no puede realizarse en las casas, como se hacía de forma tradicional, porque debe realizarse con tal asepsia para guardarse de los virus o enfermedades que queden en el ambiente. De tales procedimientos, Bermúdez explica que “deben realizarse en un lugar donde no hayan niños, y que nadie esté observando”.

Por otro lado, asegura que la gente necesita ser orientada en el momento que fallece un familiar. A causa de la desesperación y el quebranto emocional, muchas no saben qué documentos deben diligenciar y qué derechos tienen, en el caso de las viudas y los huérfanos.

“Yo me burlo del Dane, porque son unos payasos. No tienen ni la menor idea del índice de mortalidad en el departamento de La Guajira. La gente pobre se muere y los médicos le dan el certificado de defunción, y se van, y la desesperación los ciega. Así que cogen ese certificado y lo guardan, y eso hay que registrarlo, hay que darle de baja a la cédula de la persona que fallece”, explica.

Si la persona no registra la partida de defunción, tendrá problemas más tarde para demostrar el parentesco de su familiar.De manera que, bajo la asesoría de un abogado, deberá declarar eSonia Bermúdez 2xtrajuicio ante una notaría la veracidad de su testimonio.

Entretanto, Sonia Bermúdez espera que su petición sea atendida con celeridad. De ser así, sus penas habrán sido purgadas, y podrá cantar una obertura con más fuerza en el oficio que le dio la oportunidad de amar de una forma diferente.

3 Comentarios

  1. Mas que Merecido …..esta gran Mujer ha entregado su vida y sus mejores años a esta gran Labor….ojala la Administracion no deje a un lado este tipo de situaciones. Adelante….Gente como Uno

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