Ni tanto que queme al santo, ni poco que no lo alumbre

Instalaciones de la gobernación de La Guajira

Por: Jon Cataño

En estos últimos días he observado cómo se hacen pronunciamientos de todo tipo a través de los diferentes medios de lo que viene ocurriendo en el departamento de La Guajira y con el respeto que me caracteriza del derecho a la libre expresión que tenemos todos los colombianos quiero expresar lo siguiente: como guajiro y académico tengo que reconocer que en el departamento han ocurrido situaciones muy graves que se reflejan en la crisis profunda que hoy vivimos,  reconozco también la importante labor del señor gobernador Jorge Enrique Vélez cuando se refiere a que ha venido a poner la casa en orden, hay muchos que están a favor y otros en contra, cada uno con su propio argumento válido por demás; pienso que una ayuda de una mano imparcial sobre los sucesos que hoy se están develando permite una mejor reflexión de lo que nos corresponde hacer en adelante para reconstruir un departamento con unas bases más sólidas para su desarrollo.

Pero en lo que no podemos caer los guajiros y me refiero aquellos nacidos y por adopción, -quienes después que pase todo este alboroto nos va a corresponder seguir viviendo en esta tierra que a pesar de sus problemas muchos aun decimos que es el mejor vividero del mundo-, ¡es en la calentura de oídos! porque una cosa es decir vamos a poner la casa en orden y otra muy diferente es vamos a salir con el maletín a vender la casa y sus activos.

Frente a lo anterior tengo que decir que Jorge Enrique Vélez es un gobernador encargado, pero aunque tenga todas las funciones del titular, no es menos cierto que es un gobernador de transición y tan pronto termine su labor dejará a La Guajira para radicarse nuevamente en la ciudad de Bogotá. Por tal motivo tiene unas limitaciones de carácter ético y debe declararse impedido para tener injerencia en la toma de decisiones en asuntos donde se comprometan vigencias futuras y se realicen transacciones, ventas, concesiones, etc, etc, que no solo pongan en riesgo la sostenibilidad del departamento en las generaciones presentes, sino además negocios que pueden ser perjudicial para los intereses de los guajiros del mañana.

Por decir uno, las energías alternativas hoy no son un buen negocio para el departamento, ya que no existe una reglamentación que implique el pago de impuestos a los territorios donde se explotan por considerarse hasta cierto punto una actividad de tipo experimental, situación que amerita una reglamentación seria antes de realizar cualquier tipo de acción, de lo contrario las utilidades solo sería para la empresa que tenga la concesión. Son muchas las experiencias negativas que tenemos de negocios que se hicieron en el pasado sobre activos del departamento, con empresas que se establecieron en nuestra región pero que no le significan ingresos desde el punto de vista impositivo, ni existe prelación en lo laboral para nuestros técnicos y profesionales.

Siendo así las cosas, en nombre de la sostenibilidad del departamento y de las futuras generaciones de guajiros creo que no es pertinente repetir la historia que aun hoy estamos pagando por malas decisiones tomadas en el pasado, decisiones que hoy nos mantienen con los indicadores más altos de pobreza, más bajos en educación, somos el último departamento en competitividad y lo peor a pesar de ser un departamento tan rico, somos el más desigual en términos de concentración de la riqueza.

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