Se necesita amor para educar una familia, se fue una madre con personalidad inmortal

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Por: Estefany Mendoza Fuentes, periodista de LaGuajiraHoy.com

Judith Rojas de Montalvo de 78 años de edad, partió de este mundo, no sin antes dejar impregnado su estilo en los corazones de quienes la conocieron.

Aunque Rojas de Montalvo era proveniente de Ayapel, Córdoba, hace aproximadamente 20 años La Guajira le extendió sus brazos y acogió a su familia con esa calidez propia de la gente de la peninsula.

El pasado miércoles 20 de julio por causa de una insuficiencia renal, en la clínica Cedes de Riohacha, Judith, se despidió de sus familiares y emprendió un camino por el sendero del eterno descanso en paz.

Como una mujer cariñosa y llena de muchas virtudes fue descrita por sus hijos, Colío, como cariñosamente la llamaban, en sus años de juventud se dedicaba a la docencia, ejercicio que no solo impartía en las aulas, sino, también en su hogar.

Muchas docentes usan como herramienta de aprendizaje la tecnología, otros prefieren el método tradicional, pero Colío, desde muy joven se dio cuenta que no importan los elementos, se necesita amor, pasión y mucha compresión para transmitir el conocimiento.

Con seis hijos para educar, el ingrediente fundamental fue el amor, por esa razón, sobrinos y hermanos la consideraron la maestra de la armonía en la familia.

“Cuando existían disgustos, o dificultades, todos iban en busca de mi mamá, por eso se ganó el respeto y amor de todos, siempre tenía una palabra de aliento, un mensaje para hacer reflexionar a los demás” dijo su hija Leyla Montalvo.

A pesar de su edad, Judith Rojas siempre reflejo un espíritu sereno, de mirada transparente y palabras inspiradoras, según sus conocidos su mayor preocupación fue la unión familiar.

“Aunque nos embarga una gran tristeza por su ausencia, las enseñanzas de tía seguirán presentes, debemos estar feliz porque ahora está gozando de la presencia de Dios” manifestó, Ruth Pinedo Rojas, sobrina.

Sin duda, Colío dedico su vida a apoyar a sus semejantes, y ahora acompaña desde lo más alto a los suyos, dejando sus enseñanzas y el dulce gesto de su sonrisa en sus mentes.

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