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En Maicao los residuos tecnológicos se convierten en artesanías

Estudiantes de Maicao convierten desechos tecnológicos en artesanías. - Imagen de Archivo.

Maicao fungió en los años 60 como la capital comercial de Colombia; allí donde no existe mar, pero sí puerto libre; en donde no hay una sola refinería, pero vende gasolina a toda la región Caribe; en donde no hay árboles, pero es el centro maderero de la Costa y en donde no hay ríos, pero en donde se comercializa el mayor volumen de agua potable por habitante. Allí un grupo de estudiantes se ha convertido en recicladores de residuos electrónicos que es ejemplo en Colombia.

Lo primero que se observa al ingresar al corredor de la Institución Educativa ‘Manuel Rosado Iguarán’, son las imágenes ajadas y desvanecidas, insertadas en las paredes, de Benjamín Franklin e Isaac Newton, los inventores del pararrayo y de la Ley de Gravitación Universal, respectivamente.

A los dos personajes los separa un callejón y un hilo de árboles, cuyo oleaje alivia el calor de una temperatura que no cede de los 35 grados. Hace calor, pero un enjambre de niños y niñas juegan fútbol en un campo sin césped, recubierto de arena; compran refrescos a 300 pesos en la cooperativa y luego entran a los salones, donde los ventiladores parecen rendirse ante el ambiente sofocante.

Un muchacho menudo, de 17 años, mestizo como gran parte de la población de Maicao, invita a una mesa improvisada donde hay collares sugestivos, mochilas tejidas cuidadosamente, portarretratos, jarrones, llaveros, aretes, mantas al mejor estilo Wayúu, sombreros y cofres. “Esta es apenas la muestra patrón”, dice, y señala con la mirada y el índice derecho un letrero: “Visionarios, amigos de la tecnología, guardianes del medio ambiente”.

Talleres creativos

Ese es el slogan. Lo inventaron ellos en lo que denominan “Talleres Creativos”. Cada parte de la oración tiene una explicación, dice Marcos Kevin Beltrán, el joven entusiasta que pretende conectarnos con sus aventuras artesanales. Visionarios –precisa-, porque estamos pensando en el futuro, amigos de la tecnología porque convivimos con ella y la utilizamos, y guardianes del medio ambiente, porque no queremos que las TIC se conviertan en una arma letal contra nuestro planeta.

Marcos Kevin, una mezcla de nombres que surgió de sus antecedentes paternos y de la influencia de la televisión, invita a otro compañero para que detalle la fabricación de otros artefactos. De la carcasa de un computador elaboraron las aspas de un ventilador. ¿Sirve?, pregunto. “Claro que sí”, responde Jean Carlos Serpa, asombrado por la impertinencia. Lo conecta a un tomacorriente y el aparato empieza a generar aire, como si hubiera sido fabricado con la última tecnología.

Al encuentro se une Luis Fernández Palomino, un joven espigado, con corte de pelo al estilo Palomo Usuriaga, aquel futbolista que lucía los parietales rapados y el resto tapado de cabello rizado. “Aquí no desperdiciamos nada”, precisa y explica que las letras del teclado sirven para adornar los bolsos, los circuitos del computador le dan el realce a las mantas Wayúu, las pantallas sirve de base para los cofres y las láminas se utilizan para argollar cuadernos ecológicos y fabricar más de 80 figuras que van desde peces y sirenas hasta delfines y tortugas. No hay ave ni reptil ni anfibio que no esté representado.

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