Por Stivinson Rojas Atencio -Columnista

Colombia alcanzó a ser una República Federal en el año 1863, cuando el gran Camilo Torres lideró dicho proceso. Sin embargo, la autoridad de Antonio Nariño y Simón Bolívar se impuso a los ideales federalistas, y posteriormente triunfó el centralismo. Desde entonces tal y como lo dice su nombre, en el centralismo todas las decisiones y responsabilidades recaen sobre un centro o en alguna institución que represente ese centro, lo que en nuestro días se llama Presidencia.

Lo que quizás muy pocos imaginaban, y más en La Guajira, es que ese centralismo sería tan fuerte que llevase al gobierno nacional a obviar el derecho al voto, contemplado éste en el artículo 258 de la Constitución Política de Colombia.

Distintos periodistas del ámbito nacional, han manifestado interés en un “gerente” para La Guajira. Esto debido a los comentarios que se están generando por una posible destitución del gobernador actual del Departamento, Wilmer González Brito. Y con ella la posibilidad de que el gobierno nacional asignase un gobernador encargado a dedo. Éste, se quedaría en el poder hasta el año 2019, con lo cual no habrían elecciones atípicas; hecho que atentaría gravemente con la democracia guajira.

Ésta teoría toma forma cuando en un editorial reciente de el periódico El Tiempo titulado, “La Guajira: otra vez acéfala”, éste manifiesta “Es evidente que la solución no es nombrar a otro encargado y volver a convocar elecciones atípicas para que la historia se repita”.

Es decir, la solución de La Guajira no estaría en la democracia, según el periodismo nacional. Estas posiciones parecen ir en concordancia con lo que se pudiera estar gestando en Bogotá, que es apoderarse de la Península, desconociendo con ello los derechos constitucionales de los guajiros.

Según la Organización Transparencia Internacional, Colombia se localiza en el puesto 90 entre los países más corruptos del mundo. Este puesto ha venido ascendiendo en los últimos años. Es decir, que la corrupción en Colombia ha venido creciendo, y no ha sido La Guajira la que ha provocado tal ascenso.

El Producto Interno Bruto, PIB, de La Guajira representa el 1% aproximadamente del PIB nacional. Las presentes cifras se traducen en que al intervenir al Departamento, el gobierno nacional en su afán de concentración de poder, estaría interviniendo a una región donde por más alta que sea la corrupción sólo está en peligro el 1% del PIB, mientras se hace el de la vista gorda con el 99% restante, donde pudiesen estar navegando altos niveles de corrupción.

Sin embargo, todo pudiese radicar en la permisividad que tiene el pueblo guajiro. Es decir. Es mucho más fácil apoderarse de La Guajira que de Córdoba o Atlántico, donde también galopa rampante la corrupción, pero en donde hay una mayor representación política a nivel nacional.

Ya las cartas están echadas. Muy seguramente tendríamos gobernador elegido a dedo y escogido en Bogotá, y aun cuando éste pudiese ser de ascendencia guajira, tendría que defender a capa y espada los oscuros intereses cachacos.

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