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Por: Moisés Carreño – Columnista

En Colombia puede sonar desproporcionado decir que hace falta una fiesta más. Sin embargo, en Riohacha, de la que muchos dirían vive de fiesta en fiesta, no existía una típicamente vallenata hasta hace 9 años, y fue necesario crearla para rendirle homenaje a su más grande y mágico personaje. No hablo de Padilla o del Negro Robles, me refiero a Francisco El Hombre, que bien puede ser llamado La Leyenda.

Guajiro errante, alma nostálgica de música taciturna y enigmática; le llamaban Francisco Moscote, oriundo de Galán, un palenque ubicado en el camino que conduce al Valle de los Chimilas, en donde vivió desde mediados del siglo XIX y desde donde recorrió a lomo de mula, los extensos senderos del Caribe eterno, conocedor de los secretos del desierto y el hielo secreto de las cumbres de la sierra, hasta que el fuego de la serpiente lo dejó sin aliento a los 106 años, hallando descanso en una tumba inverosímil de Machobayo.

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Aunque su herencia mítica-musical, es más encumbrada de lo que fue su vida vaquera y juglaresca, forjada en la soledad de los caminos que recorría con su tornillo en máquina; es el voz a voz del Magdalena grande, que eternizó el encuentro místico de una vez y para siempre la Leyenda de Francisco El Hombre. Como toda obra que está llamada a perdurar por lo siglos, el relato fundante, se encargó de darle ritmo y escenario, en forma de contienda con el mismo diablo, un duelo cósmico, que recuerda los relatos bíblicos, entre un acordeonero y el amo del infierno. Como colofón magistral lleno de magiay revelación, es el hechizo que causó la derrota del diablo al oír en boca del hombre el padrenuestro al revés.

Aún faltaba el broche de oro para sacralizar uno de los momentos cumbre de la tradición oral del Caribe, y fue puesto hace exactamente medio siglo, por el brujo mayor, en la transcripción magistral de nuestro fantástico universo, para preservarlo por años y generaciones venturas, nuestro gran Putchipuu Gabriel García Márquez en Cien Años de Soledad:

“Meses después volvió Francisco el Hombre, un anciano trotamundos de casi 200 años que pasaba con frecuencia por Macondo divulgando las canciones compuestas por él mismo. En ellas Francisco el Hombre relataba con detalles minuciosos las noticias ocurridas en los pueblos de su itinerario, desde Manaure hasta los confines de la ciénaga”

Sólo faltaba la parranda para completar el cuadro, y no importaba que cuatro decenios antes, en el Valle del Cacique Upar, se hubiese dado un golpe de mano; quien se percató de la ausencia, dio inicio en donde se mezcla el cardón con la nieve, al tributo necesario, al personaje que patento para la historia, el patrimonio cultural del que todos somos dueños y nos representa en el mundo entero.

Por ahora, disfrutemos de la fiesta, que siga la parranda y que después del guayabo, un desocupa´o se siente en el taurete, en la puerta de su casa, al lado de sus viejos amigos y mientras saludan a los que pasan, discutan y recuerden cómo nació el vallenato, cuando es la próxima parranda y como ya le erigieron estatua y le fundaron festival y tal vez, por qué no, se les ocurra inventarse un museo en su honor.

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