Por: Sandra Hernández – Especial para LGH

Wilfredo Narváez Pimienta, mejor conocido ‘Piti’ era un hombre justo, parco en sus palabras pero efusivo con sus afectos, nació en la Isla de Aruba, pero a muy temprana edad llegó a Maicao, ciudad que adoptó como suya.

La familia Martínez lo acogió y lo vio crecer, en su adolescencia descubrió el gusto por la música, comenzó a tocar el acordeón pero al final optó por la percusión, principalmente los timbales, con el cual se destacó y lo llevó a formar parte de varias agrupaciones musicales en Maicao y Riohacha.

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Trabajó en una empresa de comunicaciones, donde lo apodaron ‘Piti Telecom’, pero luego de pensionarse, dispuso su tiempo su pasión por la música y se dedicó al montaje de sonido para fiestas y eventos públicos, por lo que lo llamaron  ‘Piti Sonido’.

Los oscuros hechos que rodean su asesinato enlutan no solo a sus cuatro hijos, sino a todo el departamento donde era querido y respetado por sus grandes cualidades humanas, su don de servicio y la honestidad de sus actos.

Su familia residente en Barranquilla y Alemania, en la integración musical costeña de la que era miembro reclaman justicia ante tanta impunidad. Hoy, 6 días después de su muerte las autoridades no se pronuncian.

La despedida póstuma de Wilfredo Narváez Pimienta, estuvo muy asistida por familiares, amigos y personalidades del medio artístico, quienes se mostraron consternados por lo sucedido.

“Piti no merecía morir así, no podremos reemplazarlo en el grupo musical porque no solo era el rey de los timbales sino el amigo de toda la vida, este es un duro golpe para todos”, expresó entre lágrimas el profesor Fernando Serrano Ballesteros, manager y presentador de la Integración Musical Costeña.

Piti, partió de este mundo a los 63 años, con muchos proyectos pendientes que fueron truncados por la muerte que le llegó de imprevisto.

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