Diariamente sale del corregimiento de Palomino en el municipio de Dibulla, hasta Riohacha, llega al Mercado Nuevo cerca de las siete de la mañana, en chances que le hacen los chóferes de las camionetas.

Su silla de ruedas lo acompaña yendo de puesto en puesto con su voz entusiasta hablando con todos. No tiene un oficio fijo, pero sí ganas de seguir viviendo.

Este es Andrés Vega Sandoval un hombre de 37 años de edad, es discapacitado desde los dos años, cuando a causa de una de poliomielitis sufrió afectaciones de sus extremidades superiores e inferiores perdiendo la motrocidad que lo condenó a estar en una silla de ruedas.

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Cuenta que su discapacidad le causó mucho sufrimiento en su infancia y adolescencia pero con el pasar de los años fue adquiriendo valor y hoy día siente que sí ha valido la pena seguir viviendo.

“Muchas veces pensé en quitarme la vida, pero Dios de una u otra manera me hizo ver que no somos nadie para acabar con nuestra existencia. No ha sido fácil vivir con mi discapacidad pero aquí estoy”, contó sonrientemente.

Tiene conocimiento en el mantenimiento de teléfonos celulares, pero por su situación económica no ha podido comprar los implementos de trabajo, y es por esto que diariamente recorre el mercado pidiendo colaboración donde casi todos los comerciantes le asisten, con esto se ayuda para alimentarse, pagar arriendo y los quehaceres de la casa.

Vive sólo en una casa arrendada en el corregimiento de Palomino, ahí, una vecina le ayuda con la preparación de la comida, cuyos ingredientes logra comprar con la colaboración diaria que recoge en el Mercado, “me toco pedir porque no me dan trabajo por mi condición” manifiesta.

Es respetuoso, alegre y buen conversador, así lo describe la gente del Mercado que siempre le colaboran porque conocen su situación, algunos con dinero otros con comida, pero siempre lo tienen presente, lo consideran un ejemplo de lucha y constancia.

Andrés desea como todos tener mejor condición de vida, una vivienda digna, trabajo y otra silla de ruedas para movilizarse mejor, pero comenta que nunca ha recibido ninguna ayuda, “he hecho todas las diligencias para ser beneficiado en los programas para discapacitados, he llevado documentos y todo lo que piden pero dicen que tengo que esperar”

Diariamente en su silla de rueda Ándres recorre el Mercado Nuevo, pidiendo para sobrevivir.

La silla de ruedas con la que cuenta actualmente y en la que se traslada todos los días, se la donó hace tres años la teniente Flor María de la Policía Nacional a quien le agradece siempre, pero ya está en mal estado y espera conseguir una nueva.

Rechaza las gestiones que hacen los gobernantes, quienes en tiempos electorales los utilizan para conseguir votos y las promesas quedan incumplidas, hace un llamado para que se acuerden de los discapacitados, “nosotros también nos merecemos una vida digna porque sí podemos seguir adelante”.

Mientras eso llega, con su vasito en mano continua Andrés recorriendo el Mercado, saludando y conversando con los que se han vuelto sus benefactores fieles, y así transcurren sus días con la esperanza de tener mejores condiciones de vida.

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