Como un hombre alegre, encantador, buen esposo y padre, hábil con las matemáticas, con valores sólidos de respeto, responsabilidad y unión familiar, así describen a quien en vida fuera ‘Toñe’.

Antonio Francisco Cotes Mendoza fue su nombre de pila, pero sus familiares cariñosamente, desde niño le llamaban ‘Toñé’, fue el primero en montar un expendio de carne en pleno centro de la Riohacha de los años setenta, su gusto por la música de la Sonora Matancera lo llevó a llamar al negocio ‘El Bugalú’ apodo con el que lo bautizaron en adelante.

Toñé o Bugalú como lo llamaban, era el alma de las fiestas de la calle quinta, donde vivió hasta los últimos días de su vida. Su buen baile y el entusiasmo que le ponía a cada velada a la cual asistía lo llevo a ser un invitado especial en cada celebración.

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Cuentan familiares que su alegría era contagiosa, para todo tenía una gracia particular, tanto así que llegó a ser el premio a ganar en las rifas de las cumpleañeras de la calle quinta.

“El grupo de mujeres de la calle, cada vez que una cumplía años organizaban una rifa y Toñé era el premio, eso era una locura, se vendían todos los números y la que ganaba bailaba con él y se llevaba una foto” cuenta sonriente doña María Virginia Medina Rocha su actual pareja.

Para ella fue un hombre ejemplar de quien no tiene quejas solo agradecimientos. Antonio Francisco Cotes Medina, uno de los hijos mayores, lo describe como un hombre responsable de quien heredaron la unión familiar.

“Mi papá tuvo dos matrimonios de donde nacieron sus ocho hijos pero nos crio a todos unidos sin distinción, con amor y respeto” manifestó.

Antonio Francisco fue muy conocido entre los riohacheros por sus populares negocios, el expendio de carnes Él Bugalú y la venta de comida asada Toñé.

Estos les permitieron despertar su agilidad con las matemáticas cuya destreza era admirada por sus hijos. Los últimos días no atendía sus negocios, solo se encargaba de hacer las cuentas y cobrar el servicio.

Celebraba el carnaval en la calle ancha, donde ‘Chancho’; el bolero y la ranchera eran sus delirios; el baile y la alegría su encanto, sin duda el alma de las fiesta que ya no volverá.

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