Jhon Carlos Salon Barros, biólogo maicaero en expedición científica por la Antártida

Un viernes del año 1986 en La Guajira, el día de ‘Halloween’, llegó a la familia Salón Barros el último hijo, un hombre que heredaría el carácter sólido de su padre, ocuparía entre sus hermanos y su madre, un lugar lleno de apoyo constante, desde niño había grabado en su memoria que “la herencia más importante en su vida eran las oraciones de su madre y la confianza de esos seres queridos que aun en las bajadas, lo sostenían fuerte”. Fue así como por ley de atracción, por sus ganas y empeño, la vida le trajo el viaje a la Antártida.

Llegó diciembre del 2016, el 16 se acercaba, era la fecha en la cual zarparía en el Buque ARC 20 de Julio. Duraría 76 días lejos del calor de la Región Caribe, del amor de su familia, de las fiestas decembrinas, pero esos sacrificios serían más adelante recompensados en investigación.

Jhon Carlos Salon Barros, orgulloso de su tierra

Qué se imaginaría Maicao, qué un hijo suyo, podría estar demostrando sus conocimientos en esas tierras frías del inhóspito continente blanco, quien pensaría que un guajiro, a sus 30 años, lograría ser el primero en participar de esa expedición y regresar para contar lo fuerte que toca el frio y la soledad de tener lejos a los suyos, pero es mayor la emoción causada por esa hermosa vista que ni la mejor resolución de una cámara pueden capturar.

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Iniciaba todo con unos cálidos abrazos, un agitar de manos en el muelle el 16 de diciembre de 2016, ahí con un suéter blanco, un jean y una gorra de la armada se despedía el Biólogo de la Universidad del Magdalena que estaba dejando en alto su nombre.

El día 29 de diciembre arriban en el Puerto de Valparaíso, se acerca fin de año, la distancia se siente y la familia se extraña, se intenta siempre pensar en los frutos de la expedición, la cual, permitirá entre otras cosas, buscar conectividad entre las aguas antárticas y las colombianas.

Los días en la Antártida eran más largos, la rutina de trabajo iniciaba a las 5 a.m. y llegaban hasta que oscureciera; así pasaron los días hasta el 4 de febrero que partirían nuevamente, de regreso. Se sacaba tiempo para las fotos y conocer a otros científicos que hacían investigaciones en el continente blanco.

El 1 de marzo, a las 6 p.m. nuevamente, el muelle estaba repleto, esta vez de ilusiones, de emoción, de esos ojos brillantes que esperaban al familiar que hacía 76 días no veían, llegaría ese maicaero, del cual, todos nos sentíamos orgullosos. Ahí aparecía entre los tripulantes Jhon Carlos Salon Barros, el más alto de los investigadores, uno de los más jóvenes y sin duda, un gran biólogo nacido en la mejor tierra, La Guajira.

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