Miriam Beatriz Fontalvo, trabaja todas las noches para alimentar a sus hijos.
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Usted se imaginaría que a la hora de irse a dormir, toda la cuidad se acuesta junto a usted, pues, eso no es así. Existe una vida nocturna que poco conocemos; hombres y mujeres que ven en las noches una oportunidad para salir adelante.

Ese es el caso de Miriam Beatriz Fontalvo, con 52 años lleva 30 en su puesto de comidas, alimentando las noches de aquellos que trabajan, salen de rumba o simplemente, deambulan en la oscuridad de la noche.

Está ubicada en toda la esquina de una droguería en la carrera 6 con calle 14. Todos los días desde las 7:30 de la noche hasta las 3 de la madrugada, se ubica para ofrecer platos tradicionales a taxistas, mototaxistas, trabajadoras sexuales, uno que otro travesti y hasta le ‘acomoda’ porciones a personas que viven en la indigencia, a un menor precio.

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Es una mujer de poco hablar, tímida pero atenta a cada uno de sus clientes. Tiene cuatro hijos; destaca que uno de ellos trabaja en una compraventa y otra en un prestigioso banco de la ciudad. Gracias a ese oficio, ha podido educarlos. Pero la más cercana a ella, solo tiene 16 años, valida octavo y noveno en el Colegio Ferrini; hace parte del negocio porque es la dueña de la ‘chaza’ donde se venden cigarrillos, dulces y otras golosinas.

A pesar de estar en una zona donde circundan varios sitios nocturnos, dice que es un ambiente tranquilo, debido a la proximidad del Comando de la Policía que está ubicado solo a una cuadra, cruzando la glorieta ‘Francisco El Hombre’. Lo máximo que ha presenciado son discusiones y peleas de borrachos que no quieren pagar la cuenta, pero para ello está su hermano, quien le colabora en el negocio.

Según su experiencia, sabe que los días sábados son de mayor “movimiento”, hay mayor número de personas divirtiéndose en las discotecas y bares, los cuales, al finalizar la noche llegaran donde ella para calmar el hambre que producen las bebidas alcohólicas.

Invierte cerca de 250 mil pesos diarios que, entre sonrisas, dice que le producen lo suficiente para vivir cómodamente. Y el único secreto para lograr permanecer más de 30 años vendiendo las mismas comidas, es gracias al amor que le pone y asumir que cocina para sus propios hijos.

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