Los establecimientos fueron cerrados porque no cumplen con las exigencias por el Municipio de Maicao y tampoco cancelan impuestos.
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Por Alcides Alfaro Guerra.

El Gobierno local decidió tomar cartas en el asunto en el caso de los salones de belleza que funcionaban en las colmenas que están ubicadas en las vías públicas de la ciudad fronteriza.

Un operativo conjunto de las secretarias de Salud y Gobierno con Migración Colombia y la división de Medio Ambiente del municipio procedieron a la cancelación de dichos negocios, por considerar en primera instancia que no funcionan bajo las más mínimas condiciones de seguridad.

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Según el argumento estatal; porque están en plena vías (calles y carreras) sin ninguna protección, contaminan el ambiente con los desechos que produce la actividad y no cancelan ningún tributo como sí lo hacen los salones de belleza establecidos y reconocidos por la Cámara de Comercio y la secretaria de Hacienda del municipio, argumento éste que ha sido expuesto por los propietarios colombianos.

Por su parte, Yazmin Gutiérrez, ciudadana venezolana una de las afectadas con el cierre de su colmena, dijo que la ley debe ser para todos porque algunas peluqueras y manicuristas colombianas siguen trabajando en sus sitios, (otras colmenas) sin cumplir las normas de higiene y seguridad que a ellas les exigieron.

Unas venezolanas expertas en el arte de la belleza y que tienen su carnet de migración solicitan al Gobierno Municipal les permitan trabajar estos meses que quedan del año, mientras superan algunas dificultades para enviar alimentos y dinero a sus familiares en su país.

Otras se ha asociado hábilmente y están trabajando por porcentajes en salones de colombianos, mientras que otros grupos han asumido compromisos más serios, como alquilar locales para montar sus negocios y trabajar de manera  legal y cumpliendo con las normas para ejercer el oficio como lo manda la ley.

Para los clientes, el servicio de las venezolanas es excelente, tienen un mejor trato y los precios son muy atractivos, ya que ellas trabajan al cambio de la moneda de su país, lo que se les facilita brindar muchas ofertas a quienes les visitan.

Para los propietarios de salas de belleza colombianos esta invasión extranjera no deja de ser una competencia desleal, pues los múltiples compromisos de impuestos y con empleados están en riesgo, debido a las bajas tarifas con las que trabajan las venezolanas.

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