El cuestecitero Jair Lopesierra Salas, es el 'Rambo' guajiro que no ha salido en películas. Fotos de: Beniz Gómez
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Cerca del cementerio central de Riohacha deambula ‘Rambo’, uno muy diferente al de las películas de Silvester Stalone. Este no cuenta con una pesada artillería para matar a sus adversarios, sino un arma hecha de materiales caseros hierro y pasta, forrada con cuerdas. Aquel de las películas era frío, calculador, meticuloso, agresivo y un tirador de sangre fría.

El nuestro suele ser incoherente con lo que dice, impulsivo, descuidado, andrajoso, pero, sin embargo, no busca hacerle daño a nadie, es dicharachero, más bien colaborador y en permanente relato de múltiples historias que empiezan de una forma inusual y terminan de otra. Con elllas, suele sacarles múltiples sonrisas a los ciudadanos.

Su nombre real, Jair Lopesierra Salas, nacido en Cuestecitas, corregimiento de Albania, La Guajira. Al parecer por problemas con sus familiares, terminó como habitante de las calles de Riohacha. Es afrodescendiente, usa el cabello largo, camina las calles haraposo, descalzo, sin camisa y con una pantalón viejo y roto.

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“Esta arma que tu vez aquí no tiene balas, pero da muy duro en la cabeza. Yo no le tengo miedo a la muerte, el día de morirse es uno solo, pero me preocupa que todo los días sale uno degollado, uno ahorcado, uno le dan un tiro, esto se está poniendo peligroso. Pónganse pilas mi gente”, son las palabras de ‘Rambo’ a las personas que transitan cerca al cementerio.

Quienes se sientan a conversar en el parque que se ubica frente al cementerio, lo consideran un personaje “bueno, colaborador y mamador de gallo”.

‘Rambo’ asegura que estudió hasta cuarto de primaria, que tiene una hija de 20 años aproximadamente, se separó de su pareja hace mucho tiempo. Ahora vive del reciclaje y de la caridad de muchas personas que le profesan cariño. Le gusta ayudar en el aseo del parque del Cementerio y de las fachadas de casas y empresas cercanas.

“Yo no soy flojo ni me gusta está jodiéndole la vida a nadie, me pongo es a trabajar como cualquier persona. No como ese poco de viciosos que andan por ahí partiendo botellas y haciendo lo que ellos quieren. Es que hay mucha corrupción y mucha gente dañada en esta vida”, afirma con seguridad.

Ahí donde usted lo ve, con apariencia peligrosa, en realidad no le hace daño a nadie, solo habla fuerte y eso a veces intimida a la gente. Él no está loco de remate, así como dicen, sino que el enreda las cosas, pero entiende todo y está consciente”.

A ‘Rambo’ le gusta fungir como Policía de Tránsito, analista político, celador, soldado, albañil, entre otras profesiones que ejerce mientras divaga por los sectores aledaños a la calle Ancha entre carreras 10 y 15.

Tomás Jiménez, cuidador del Cementerio Central de Riohacha, asegura que ‘Rambo’ es colaborador, está atento al aseo del cementerio. “En caso que necesitemos un mandado a cualquier lado, él va y trae lo que se le pide, ni siquiera se queda con los vueltos.

“Yo no tengo nada que ver con políticos, pero si me gustaría que viniera uno aquí para decirle la verdad en la cara, porque este país va es de mal en peor, hasta el Presidente hay que ponerlo en la silla eléctrica, no sirve ese man.

Mejor me voy a buscar un cigarrillo y me calmo porque no quiero hablar mal de nadie y menos con este calor que hace”, asegura sonriendo con desdén ‘Rambo’.

 

 

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