Los cambios climáticos y el pasar del tiempo ha hecho que todo se transforme, que los pescadores tradicionales en la necesidad de subsistir implementen tecnologías a su modo de trabajo.

“Antes pescábamos las langostas con los pies, en la costa, a un metro de profundidad pero la contaminación ha cambiado el ecosistema y ahora todo es más difícil”, cuenta Henry López Barliza, pescador de la zona.

El trabajador de la mar, a sus 40 años sólo sabe sobre la pesca de langostas. Aprendió muy pequeño porque sus mayores le enseñaron las técnicas tradicional para no alterar el medio ambiente.

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“Anteriormente se respetaban las especies pequeñas para que se conservara la cría pero hoy día se pesca lo que haya por la necesidad”, recordó.

Para él la pesca ha disminuido por el daño que las grandes empresas han hecho al ecosistema, y por los compradores pesqueros a quienes no les importa el tamaño de la langosta o el pescado “ellos hacen los pedidos y uno por la necesidad y falta de trabajo pesca lo que haya y lo vende”.

Las especies han disminuido en la costa razón por la que los pescadores se ven obligados a adentrarse al mar y con un GPS ubicar sus canastas de recolección

“Antes tirábamos las canastas y nos ubicábamos por las serranías y cada quien respetaba lo ajeno ahora como se hace más lejos, a seis millas mar adentro, por obligación debemos utilizar el GPS”, confesó López Barliza.

La tecnología de la ubicación satelital llegó al Cabo hace ocho años aproximadamente, cuando pescadores de Cartagena llegaron al lugar y al ver la necesidad les sugirieron el método.

Los pescadores del Cabo de la Vela, se quejan por la contaminación del ecosistema ahora deben pescar las langostas mar adentro y con GPS.

“Ellos nos enseñaron como utilizarlo y de ahí la mayoría lo ha ido comprando, yo apenas tengo tres años con esto”, contó con añoranza.

Segú el marino, es más sufrido el trabajo en la actualidad, porque se requiere más esfuerzo e inversión para obtener menos: “gastamos más gasolina por la distancia recorrida, invertimos en nuevos implementos, la pesca es escasa y los recursos no llegan”.

Las pesqueras y restaurante se hacen de la recolecta diaria, un kilo se taza en 15.000 pesos, y para tener seis kilos son necesarias 13 langostas.

“En el Cabo hay mucha necesidad y debemos organizarnos para tener mejores resultados”, aseguró el pescador, que hace un llamado a las empresas y entidades para que les capaciten y les ayuden a mejorar en el cuidado de la pesca.

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