Los mosquitos tienen aburridos a los habitantes del barrio Boca grande y lo peor es que no hay recursos para fumigación

Cuando se oculta el sol y está por empezar la noche, los habitantes del barrio Boca Grande de Riohacha se ven obligados a cerrar las ventanas de sus casas, a rociar repelente, y acompañarse de una toalla o un pedazo tela que sirva para espantar el ejército de mosquitos que arrecia contra su humanidad.

Las aguas estancadas en el humedal del barrio cooperan para que los insectos se reproduzcan y conviertan la tranquilidad de los moradores en momentos incómodos.

Elda Coralia Toro, que ha vivido por más de 20 años en el sector, asegura que no puede sentarse en la terraza de su casa porque de inmediato debe empezar a matar decenas de zancudos.

-Publicidad-

“Tiene uno que cerrar bien temprano las ventanas, las puertas y sacudirse uno con un pañuelo, porque hasta en la cara le caen a uno”, señaló la vecina, y añade que los más vulnerables a la plaga son los niños.

“El año pasado un niño terminó enfermo por Dengue, el temor que tenemos ahora es que eso vuelva a suceder y sean varias enfermedades transmitidas por mosquitos”, precisó.

Elda Coralia Toro

Neiro Mejía, presidente de la Junta de Acción Comunal, exige a las autoridades que tomen cartas en el asunto, principalmente con la fumigación.

“Nos dicen en la Secretaría de Salud que ya no hay recursos para eso, cuando eso antes era muy común, y en muchos barrios se aliviaba esa plaga de mosquitos”, indicó.

Sin embargo, la Secretaria de Salud Departamental afirma que ya no reciben recursos directos para implementar programas de fumigación como en años anteriores, y que por ahora solo hay proyectos para jalonar esos dineros.

-Publicidad-