Entres más avanzan los días, la situación de los venezolanos en Maicao se complica aún más.

El drama de los ciudadanos venezolanos que han decido establecerse temporalmente en Maicao es cada vez peor. La hora de llegada no importa, como lleguen tampoco y mucho menos a donde van a estar finalmente mientras buscan la manera de ganarse la comida ya sea vendiendo plásticos, matas, ropa, útiles de hogar, artículos navideños en fin, todo lo que se les ocurra traer de su país y que pueden comercializar en Colombia.

Otros toman el camino más fácil, pedir, robar o atracar. Todo se vale para quienes han decido salir de su nación huyéndole a la escases de alimentos principalmente. Dormir en los alares de las casas, terrazas o lugares de establecimientos públicos que solo son usados en el día es una alternativa.

Por estos días que llueve con mucha frecuencia, el panorama se volvió más crítico, ya que deben sortear a estadía por la falta de sitios donde puedan resguardarse. Se les ve colgando chinchorros donde se les permita poco después de las 10 de la noche y desaparecen muy de madrugada para evitar entrar en discusión con los dueños o inquilinos de los predios.

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Un joven procedente de Coro, en el Estado Falcón que decidió colgar chinchorro frente a una zona comercial en un sector muy solitario, relató que lo hace porque no quiere pedir. “A mí me robaron cuando venía de Venezuela y estoy seguro que fue un mismo paisano mío, porque muchos venezolanos vinieron a dañar las cosas, robaron, atracaron, mataron y ahora todos somos culpables.

Acabaron con la ilusión que tenía de comprar un termo y una cava, porque yo traía los reales (dinero) para eso, pero cuando llegue al terminal a cambiarlos por plata colombiana me habían roto el bolsillo con un bisturí para sacarme el dinero”.

Una dama que se identifica como Luna, (transexual), pasa por un drama similar, dice medírsele a todo, a trabajar en un salón de belleza, una casa de familia o en lo que le salga, pero la desconfianza marcada de la gente no le ha permitido esa oportunidad. Ahora en la calle hace lo que puede cuando un hombre la invita.

Así dice ganarse la vida con el pasar de los días, mientras reúne para comprar un celular y los pasajes para mudarse a otro sitio de Colombia en busca de oportunidades.

Mientras esto ocurre, centenares de venezolanos siguen llegando a la ciudad fronteriza, donde muchos, sino la mayoría, por lo menos pueden comer, algo que es muy difícil en su país. Para muchas de estas personas que llegan con sus hijos, muebles y maletas, han vuelto a darse ciertos lujos en Maicao como es comerse una simple empanada, que en su país, por el precio se volvió un artículo exclusivo para quienes tienen dinero.

En síntesis, para usar una expresión muy venezonalizada en el beisbol, el drama pica y se extiende.

En Venezuela, al expresión “pica y se extiende” es muy común y muy usada, se origina en el juego de beisbol, se refiere a una situación que se complica, en el juego de beisbol cuando una bola es bateada y cae en el terreno corto del campo, y no es atrapada por la defensa interna, la bola cae al suelo (“pica”) y rebota (“se extiende”) y se desplaza hacia los jardines, hacia el campo lejano, y lo que pudo ser un bateo “sencillo” para llegar a la primera base se puede convertir en un “doble” o un “triple”.

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