En la Boca de Camarones, como en muchas otras partes de La Guajira, los niños juegan en medio del trabajo. Foto de Maybelys Ávila Barona.
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Lo que para muchos niños representa un área de diversión en una temporada de vacaciones, para otros es su casa, su patio y también su lugar de trabajo.

Y este es el común de los niños guajiros nacidos en el mar, ellos tienen sus propias historias de piratas y marinos, no se las inventan, porque ese es su día a día.

Aprenden primero a nadar que a caminar y desde muy pequeños conocen el oficio de pescar. Llegar a Camarones y verlos en las lanchas hace casi imposible distinguir si juegan o trabajan, porque siempre hay espacio para una travesura.

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Muchos de ellos se ganan unos pesos trasladando a los visitantes desde le orilla de Camarones hasta el lugar de resguardo de los flamencos rosados, en unas lanchas artesanales, sin motor más sus manos para remar y una vela hecha de tela vieja pero que sirve para que al viento los lleve.

Y así transcurren sus días entre el mar, el sol, la risa, el trabajo. Su inocencia no distingue simplemente viven y viven felices.

 

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Maybelys Ávila Barona
Comunicadora Social, Periodista, especialista en trabajo sociales y comunitarios.