Daniel Zúñiga, un vendedor dentro del bus.
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Por Alcides Alfaro Guerra.

Como un empleado oficial su horario comienza a las 8 de la mañana hasta las 6 de la tarde, una faena que realiza diariamente, al final del día regresa a  hogar en Riohacha, con el sustento de su familia. Él Sabe muy bien que sus clientes también madrugan a viajar tal como lo hace desde 4 Vías a Maicao y viceversa ofreciendo dulces y golosinas a los viajeros.

La mejor experiencia es conseguir que muchas personas entiendan y comprendan que está trabajando, aunque siempre pide permiso y disculpas por si los incomoda con su interrupción en el viaje.

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“Muchas personas hasta me felicitan por mi trabajo, aunque algunos se molestan, pero los que me apoyan son más”, asegura Daniel Zúñiga de 45 años.

Este vendedor informal, tiene 3 hijos, el mayor ya tiene su hogar aparte, pero a su cargo están su esposa y dos niñas, cuenta con satisfacción Zúñiga quien asevera que ya los conductores lo conocen y cuando lo ven hasta le bajan el volumen al equipo de sonido o al televisor para que le pueda hablar a los pasajeros y ejercer su trabajo cómodamente.

Aunque lleva 20 años en esta labor, el animado vendedor dice que si tuviera la oportunidad de otro trabajo lo aceptaría con todo gusto, porque ya se siente agotado. No oculta su temor por lo que está pasando en Venezuela, según sus palabras, esa crisis también le ha afectado sus ventas.

Él piensa que a causa de eso ésta no será la mejor temporada, no obstante a que asegura con optimismo que va a aumentar el surtido para hacerle frente a la situación porque tampoco es que tenga mucha competencia como si la tienen muchos de sus compañeros.

Dice que sus mejores clientes son las mujeres y más si llevan niños, además, en algunas ocasiones, dependiendo de las ventas da algún detalle a los choferes que amablemente le permite trabajar.

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