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Por: Nellson Rodelo Celedón.

Cuando Jesús Manuel Tomas López cometió su primer hurto estaba bajo el efecto de la marihuana, asegura que “le dio fue risa”, al ver como una persona era despojada de sus pertenencias. Vio el rostro atemorizado de la víctima y no sintió compasión, la amenazó con arma de fuego, tomó lo de valor y luego se embarcó en la moto como parrillero y huyo con su secuaz para vender lo ajeno. Ese sería el inicio de una carrera delictiva que se prolongó por cinco años.

Hoy a sus 24 años se arrepiente de sus actos delictivos y trata de superarse, trabajando en varios oficios y haciéndose cargo de una familia compuesta por su esposa y seis menores, de los cuales, cinco son sus hijastros. Vive en la comuna 10, uno de los sectores más populares Riohacha.

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“Me perdí en un mundo donde no sabía ni quién era yo realmente. Ahora que salí de ese mundo son cosas que yo veo que no hay necesidad de hacerlas”, afirmó.

Jesús Manuel es oriundo de Tomarrazón, corregimiento de Riohacha; allí logró cursar sus estudios de primaria y bachillerato de forma satisfactoria. Logró además realizar un curso de Manejo de Viveros en el Sena.

Cumplidos sus 18 años, decidió radicarse en Riohacha. Sin trabajo y en compañía de malas amistades, fue inducido a conseguir dinero de manera sencilla. Se encontró con jóvenes que no solo jugaban fútbol y entablaban jocosas conversaciones, sino que tenían un historial delictivo y conseguían el pan diario, a costa del esfuerzo de otras personas.

“Hubo personas que aprovecharon mi mal momento económico para incitarme a hacer cosas indebidas. Escuché las voces equivocadas y me metí en un mundo que no era para mí”.

Tomas López relata que sabía los pasos de estos jóvenes. Un día, disgustado con una novia que tenía y motivado por sentimientos de rabia y frustración, decidió consumir la sustancia que sería el motor para los robos, la marihuana.

“Ellos me vieron y me dijeron: ¿Qué te pasa? Y me ofrecieron esa droga diciendo que era lo mejor para mis problemas. Yo decidí quedarme ahí en esos parches. Luego empecé a cometer varios hurtos, simplemente iba a un barrio con un compañero, me armaba, me cubría la cara y al que uno viera que tenía pertenencias, se las arrebataba y huía”, señaló.

Tras los hurtos, las pertenencias eran vendidas a cualquier comprador, a precios sumamente baratos.

Jesús Manuel expresa que con el tiempo decidió robar sin pertenecer a ningún grupo, se movía solo, pero también sufría de la misma manera. La zozobra los cobijaba diariamente, estaba alerta ante cualquier movimiento extraño y siempre presto para disparar a quien se atreviera a atacarlo. Asegura que llegó a pasar hasta tres días sin dormir y sin beber líquido o consumir algún alimento.

“Hubo varios que quisieron atentar contra mi vida, pero supe defenderme. Era el mismo miedo el que me ayudaba a estar atento, en la juega, porque yo estaba haciendo algo malo y tenía algo que temer siempre”.

Paradójicamente, no fue capturado por la Policía, mientras que muchos de sus secuaces, caían bajo la mano dura de la ley.

“Ya llegó un día donde al ver que metían presos a varios, decidí salirme, porque yo no quería caer allí. Ya quería una vida diferente”. Esta decisión la tomó hace en el año 2015.

Anhela seguir estudiando. “Yo sé que ahora hay muchas oportunidades para estudiar y quiero hacer cualquier curso en el Sena, o en otro lado, lo que no quiero es quedarme estancado”.

Con voz segura, afirma que la pobreza no es justificación para que un joven se dedica al hurto, a la extorsión o al sicariato. Se ha dado cuenta que existe un abanico de oportunidad, solo que muchos jóvenes prefieren el camino fácil.

“Hay muchos oficios que el joven puede aprender como la construcción. También está el mototaxi, puede dedicarse a la peluquería como yo; en fin, hay muchas opciones que realmente no son difíciles de aprender, sino que ellos no se animan y prefieren ese camino”, afirmó.

Gracias a una iniciativa de la administración del exalcalde Rafael Ricardo Ceballos Sierra, logró recibir atención psicológica e insumos para trabajar como peluquero, ofició que ejerce en la actualidad.

Hoy también reflexiona sobre lo que es una verdadera amistad. “Esas personas mientras dicen que son tus panas del alma, te venden, te entregan por dinero y te hacen daño por la espalda”.

Durante su accionar delictivo vio caer a muchos de sus compañeros, unos están en la cárcel, otros fueron asesinados.

“El consejo que le doy a los jóvenes es que estudien, aprovechen esa gran oportunidad, y que aprendan oficios, que no se encierren a eso, porque en un futuro les puede servir para ganar dinero honradamente”, aseguró.

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