El día 3 de diciembre es conocido como el Día Panamericano del Médico, fecha propuesta por la Federación Médica Argentina, en 1953 en homenaje al doctor Carlos Finlay, un médico cubano que descubrió el mosquito trasmisor de la fiebre amarilla.

Y hoy los profesionales de la salud lo celebran llenos de orgullo y motivados por seguir llevando esperanzas, a pesar de los sacrificios que esto implica.

Tres jóvenes riohacheros compartieron con este medio, desde su experiencia lo que para ellos significa llevar en sus hombros esta profesión.

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La primera es Cesia Yamina Roys Brito, una joven de 28 años de edad egresada hace cinco años de la Universidad Abierta de Barranquilla, comenta que desde muy pequeña sintió el llamado a esta profesión, deseaba ser misionera y poder ir en los barcos que recorren el mundo con brigadas médicas para así llevar esperanza a los más necesitados.

“Seguí el ejemplo de muchos de mis familiares que son médicos, fue duro en algunos momentos pero aquí estoy”, cuenta que estuvo dos años en Chile trabajando en la unidad renal de un centro médico y actualmente ejerce en el área de consultas en una Eps en Riohacha.

Manifiesta que actualmente en el país hace falta más reconocimiento para los profesionales de la salud, quienes muchas veces se quedan en la superficialidad, “el médico debe humanizarse, crear cordialidad médico-paciente, que todo sea tratado con una buena respuesta y una sonrisa”, expresa Roys Brito.

Por su parte, Carlos Eduard Ramírez Sampedro, nacido en Riohacha, egresó también de la Universidad Libre de Barranquilla en el 2016, manifiesta que ser médico es tener vocación, espíritu de entrega y ayuda social.

“El médico debe ir más allá del prestigio, debe estar del lado del paciente aunque muchas veces este lo trate con dureza, el médico es un ser humano que no tiene la verdad absoluta”, explica Carlos Eduard haciendo referencia a que muchas veces son considerados un ser superior sin errores.

Coinciden en que hace falta ser más valorados por parte del sistema, que no solo debe quedarse en exigir sino también en reconocer y brindar las condiciones óptimas para entregar atención de calidad a los ciudadanos.

Para ambos jóvenes, es un orgullo ejercer esta carrera que a pesar de las grandes necesidades se sienten útiles en su ciudad natal, para ellos ser médico es tener la intención pura de ayudar, es sacrificar la vida familiar y entregar su tiempo, es llevar esperanza y bienestar.

Por su parte Laura Mejía Montoya, médico cirujano de la Universidad del Norte, que en la actualidad se encuentra ejerciendo en el exterior, expresa que ciertamente la carrera está llena de sacrificios, pero estos se ven recompensados.

“Ser médico es dedicar nuestro tiempo, es dar una buena atención sin importar estrato social, religión o condición sexual, la finalidad es preservar la salud, aliviar la enfermedad y salvar vidas y la satisfacción está en el deber cumplido”.

Cada vez son más jóvenes los que deciden iniciarse esta carrera y con su energía van demostrando que ser médico va más allá de una simple profesión, es una misión de vida que no termina nunca. A ellos y a muchos más, felicidades y éxitos por su labor.

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