venezolanos deciden salir de su país en busca de una mejor calidad de vida. Foto referencial.

Por Eira González Palmar.

En la actualidad, las ciudades del mundo están siendo “invadidas” por los venezolanos, quienes deciden salir de su país en busca de una mayor calidad de vida.

Las poblaciones fronterizas ven más acentuadas esta realidad, pues son las puertas de las naciones; Maicao no es la excepción. En las diferentes localidades de esta pequeña parte de La Guajira son casi intocables los rostros extranjeros que a diario se mezclan entre los propios, trabajando sin descanso para sostenerse y ayudar a quienes han dejado en su patria.

Humberto Sánchez.
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Son diversos sus orígenes, rasgos, costumbres, vestimentas, pero todos coinciden que no están  en Colombia por gustos, si no por necesidad. Y es evidente que nadie abandona su hogar para ser mal visto, mal pagado y hasta maltratado,  si no es por la angustia de ver a sus hijos o padres enfermos y sin medicamentos, sin comida ni dinero.

Algunos tenía alto poder adquisitivo en su país, ejemplo de ellos es Humberto Sánchez, quien era propietario de una camaronera a nivel nacional. En Colombia, inició como vendedor de agua en las calles de Maicao y ahora trabaja en una chatarrera, un oficio que implica un alto desgaste físico y que, hoy, es casi exclusivo para los venezolanos.

Sánchez describe que los venezolanos son gente honesta y trabajadores, “aquí en Maicao somos mal visto ante la sociedad, que somos ladrones lo único que les digo a mis hermanos de esta ciudad que nosotros somos gente trabajadora que estamos aquí con el fin de sacar adelante a nuestra familia honradamente”.

Marco Bracho.

En las mismas condiciones de trabajo se encuentra Marco Bracho, oriundo de Punto Fijo, estado Falcón;  éste relata a viva voz “si no me vengo, nos morimos de hambre, pero aquí todo es comprado, nadie regala ni un vaso de agua. Tengo la esperanza que mi país salga de la crisis que está padeciendo porque extraño a mis hijos,  a mi mamá y mi familia, no es fácil estar lejos de ellos.

Aquí hay dos, de las miles de historias que merecen ser contadas, historias reales que quizás  parecidas a las de los colombianos que en décadas anteriores se desplazaron hacia Venezuela en busca de oportunidades.

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