Este balneario ubicado en el centro de La Guajira, es una buena opción para los visitantes llegan en busca de encuentro con la naturaleza.
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Por Alcides Alfaro Guerra.

Lo que hasta hace 40 años era una vecindad de tres viviendas rurales a la orilla de un río, hoy es uno de los atractivos turísticos más apetecidos por la gente de la región y de otras latitudes del país. Por lo menos 30 casas de un colectivo familiar convirtieron la zona en un espacio de recreación que ellos mismos cuidan celosamente porque son conscientes, que de no ser así, “el negocio se daña”.

Lo que hoy se conoce como el Silencio, era una zona de quemar cal, pero con la presencia de los turistas que empezaron a llegar al lugar en busca de tranquilidad, los hornos desaparecieron porque el humo afectaba a los visitantes que ahora disfrutan más del paseo.

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El Silencio en otrora no eran sino callejones empedrados de Distracción, el pueblo más cercano desde donde la gente viajaba en burros y en bicicleta, en la actualidad es un corregimiento de esta misma jurisdicción, en el centro de La Guajira, que gracias al apoyo de las entidades ha cambiado y avanzado en su progreso, con la mejora de las vías de acceso que ofrecen comodidad al momento de viajar al más natural de los balnearios de La Guajira.

Uldarico Martínez, nació en este caserío turístico, su nacimiento lo atendió una comadrona o partera, cuenta que el nombre de El Silencio se debe a que inicialmente eran tres casitas ubicadas en lo que antes era una finca, pero fue creciendo a medida que la familia también se fue agrandando.

Uldarico Martínez, representante de la familia encargado de recibir a los visitantes.

“Somos muy organizados, en la familia cada uno tiene su estaderito con sus cosas bien reglamentadas” segura con entusiasmo. Uldarico, quien se encarga de recibir a quienes llegan en sus vehículos para cuidarlos en el espacio que hace de parqueadero, asegura que las personas más amables son las que vienen de afuera porque los guajiros son muy alzados.

“Son un poquito como toscos que no entienden nada sino que se las tiran de jaques y guapos. Vienen guapeando a uno”, asegura en un tono categórico por las experiencias que le ha tocado vivir, al tiempo que se lamenta que los propios no sean capaz de reconocer y respetar lo suyo.

En medio de las cosas malas, a este contador de historias del Silencio le pasan muchas cosas buenas como las propinas que le dan y la satisfacción de atender tantas mujeres lindas como dice él, lo que le ha permitido llevar una vida buena y le ha dado para mantener a sus cuatro hijos y ver crecer a sus 20 nietos.

La temporada de Semana Santa, es la mejor del año para los Martínez, los dueños del Silencio, quienes están dispuestos a recibir al visitante que quiera disfrutar del agradable ambiente que caracteriza a esta tierra, lejos del bullicio de la ciudad.

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