A sus 61 años de edad cuando muchos piensan en jubilarse y dedicarse a descansar luego de tantos años de trabajo, Rubén Darío Quintero Aregoces ha iniciado su recorrido por la música depositando en ella, sus sueños y anhelos como cualquier otro que desea llegar a ser un artista reconocido.

“Llegué a la música por Antonio ‘Tonny’ Ávila quien me invitó a cantar aun cuando yo no sabía, no estaba en mis planes llegar a vivir de esto, pero hoy día se ha convertido en mi sustento y el de mi familia”.

Esta es la historia de Rubén Darío un guajiro que no se imaginó encontrar en la música el trabajo de sus días de senectud. Nació en la Riohacha donde creció en la calle 3 junto a sus recordados amigos Edgar Mejía, Jairo Sánchez, Toño Bonivento, Tonny Ávila y Pali Gámez, de quienes recibió la invitación a conformar un grupo llamado Los Yoquis, cuando aún era un muchacho y no había descubierto su talento, sin embargo con ellos participó en el concurso el cactus de oro.

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“Yo cantaba muy ocasionalmente, ni esperanza de llegar a vivir de esto, pero dada la circunstancia que con el pasar del tiempo las puertas laborales se van cerrando, hace tres años tomé la decisión de vivir de la música”, explica el intérprete de piel morena y voz aguda, quien hoy divide su agenda artística entre Riohacha y Santa Marta.

Inició hace tres años debido a una necesidad familiar, por la que pidió ayuda a un amigo político, Leandro Bernier de Santa Marta quien le regaló un parlante pequeño inalámbrico con el cual pisó los primeros escenarios interpretando dos canciones, porque se quedaba sin voz.

Actualmente, su sustento familiar es producto de las contribuciones que en cada presentación le hacen. Se presenta en espacios públicos, restaurantes y algunas veces es contratado en eventos privados, donde ofrece un repertorio variado entre baladas, rancheras y boleros durante una hora en la que es guiado por las pistas de las canciones.

“Es complicado cuando uno llega a cierta edad donde las oportunidades laborales son menos, porque ya eres muy viejo para trabajar, pero eres muy joven para pensionarte y de algo tienes que vivir, yo escogí la música”.

Da gracias a Dios por el talento que le permitió descubrir y perfeccionar recordándole cada una de las letras de las canciones. Rubén Darío se ha dado a conocer por su talento y el público lo agradece por amenizarles en momento, el cual considera como fundamental y por eso pide a Dios que les continúe aumentando su generosidad y le permita obtener buenas retribuciones.

Vive en Santa Marta con su actual esposa y su hija menor, tiene cuatro hijos mayores y cuatro nietos a quienes adora, siempre regresa a Riohacha porque esta es su tierra.

“Trabajo porque no se estar sin hacer nada y si Dios me dio este talento tengo darlo a conocer y aprovéchalo para bien”.

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