Laura Iguarán, una mujer que dedicó su vida para enseñar y forjar a muchos guajiros que hoy son profesionales.

Por Nelson Rodelo Celedón.

Sentada en su mecedora, con un rosario en su mano y uno en su cuello, una señora de contextura gruesa, cabello grisáceo, semblante serio y mirada fija, reza constantes padrenuestros y Avemarías a Dios, dice que “cuando uno está enfermo, eso es lo único que le queda, estar en sus rezos”.

Lo que muchos no saben es que esta señora de 74 años, es una de las docentes de mayor trayectoria en las escuelas públicas de Riohacha. Varias generaciones la han visto escribir en tableros, calificando exámenes, brindando discursos pedagógicos en varias asignaturas y hasta discutiendo con padres de familia.

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Ellas es la profesora Laura Iguarán. Nació en 1943 en un curioso lugar, asegura que su madre la trajo al mundo cuando viajando hacia la población de Bahía Honda, en el municipio de Uribia; el burro en el que iba montada se detuvo porque sentía que estaba a punto de parir. Cuenta que un familiar tendió una manta Wayúu sobre el polvoriento camino y procedió a realizar el trabajo de parto, algo que era muy común en ese entonces, cuando las parteras tenían casi el control total de esa actividad.

Iguarán cursó sus estudios de primaria en la escuela de Enrique Lallemand y el bachillerato en el Liceo Nacional Padilla y en el colegio Latinoamericano, en Cartagena, llegando a ser normalista y dos años después, iniciar su oficio de docente, inicialmente en escuelas primarias.

“Yo inicié en Maicao, dándole clase a las turcas y esas familias me pagaban. Luego me devolví para Riohacha y estuve en la Urbana de Niñas, donde no duré mucho tiempo y fui traslada al colegio Mauricio López Sierra en el año 1972, me hice cargo de un grado quinto”.

La educadora cuenta que el supervisor del colegio, Denzil Escolar, le preguntaba por qué siempre usaba una regla como arma de castigo, a lo que ella le respondió: “quédese un momento con mi curso y verá”. EL supervisor vivió la experiencia por diez minutos y enseguida entendió que para poder ajuiciar y controlar a esos inquietos niños, era necesario usar ese elemento, le dijo a ella: “no miga, quédate con tu regla”.

Ella recuerda que “esos pelaos se daban una puñeras” y que constantemente era necesario corregirlos con los tradicionales métodos del siglo pasado. Un año después, en 1973, inició su larga carrera en el Liceo Nacional Padilla, la cual duró alrededor de 36 años.

Esta longeva docente dedicó su vida a la educación, constantemente se capacitó y se preparó en varias licenciaturas: Ciencias Sociales, Administración Escolar, Educación Artística, Filosofía Religiosa, Biología y Química, con una cantidad de cursos que complementaron su formación profesional. Laura tiene cuatro hijos: tres varones y una mujer, ambos son personas de bien y se desempeñan en diversas labores profesionales.

Tanto profesores veteranos de la hoy Institución Educativa Almirante Padilla, como antiguos estudiantes la recuerdan como una profesora seria, estricta, preocupada por el aprendizaje de los estudiantes, buena amiga y defensora de los buenos principios y valores en la sociedad.

Laura Iguarán.

Laura Iguarán es reconocida por ampliar el colegio José Antonio Galán y realizar el proyecto para poner en funcionamiento el bachillerato, debido a que por muchos años solo funcionó la primaria.

Esta aguerrida docente recuerda que cuando empezó a trabajar en dicho colegio, se propuso a ampliarlo, una vez trazado ese sueño, se lo comunicó a sus compañeras, quienes se mostraron incrédulas y dubitativas, creyendo que eso no sería posible, porque no contaban con apoyo de ninguna entidad.

“Un día nosotros salimos con varios pelaos que estudiaban en el colegio, montados en un volteo, yo llevaba un megáfono y empecé a perifonear por el barrio diciéndole a la gente que necesitábamos material para la ampliación del colegio. Llegamos a una casa y una vecina nos regaló muchos bloques y otros materiales para continuar con nuestro propósito. Después llegó un supuesto dueño de los bloque, diciendo que yo me los había robado, luego le dije quién me los había dado y lo convencí para que los donara al plantel y así lo hizo”, agregó.

También ha sido homenajeada por la Institución Educativa Almirante Padilla, reconociendo su larga y valiosa trayectoria docente, al igual que por la Asamblea Departamental de La Guajira.

“Trabajé 40 años en el magisterio, empecé a trabajar a la edad de 17 años, aunque todavía soy profesional y ejerzo mi oficio, ya no desde un salón de clases, sino aquí en mi casa, vienen estudiantes y los oriento; incluso estudiantes de universidad los ayudo con sus proyectos de grado. Por mis achaques de salud, no me puedo mover como antes, pero sigo dispuesta a colaborar en todo sentido para que los estudiantes salgan adelante”, señaló.

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