Hoy sentí ese deseo loco de recorrer mi pueblo, como diría la canción de los hermanos Zuleta, “hoy llegué a mi pueblo, recorrí sus calles buscando el recuerdo, observé tu casa, vi pasar la gente noté todo nuevo, busqué los amigos que de aquella escuela compañeros fueron, ya no eran los mismos no estaban completos reinaba el silencio”.

Reinaba el silencio porque faltaba ese ser maravilloso que nació un 22 de agosto del año 1938, donde el cura Párroco para ese entonces, bautizó con el nombre de Mirza Elena Mendoza, sólo le apellidarían el de su madre: Leandra Antonia Mendoza, como se acostumbraba hacer con discriminación cuando se era madre soltera.

‘Micha’, como cariñosamente la llamaban, fue una mujer de gran admiración todos en el pueblo la querían por sus dotes de buena gente, buena hija y buena hermana. A los 17 años se enamoró y bajo su inocencia se fugó con un famoso empresario de la región, a quien apodaban el ‘Foco’, con la suerte tildada de que era casado y solo le dejaría 8 hijos. Los cuales crió sola y con mucho esfuerzo, lavando y planchando ropa ajena, para ese entonces no existía ayuda del Estado, sin embargo, como buena madre nunca los desamparó y los cuidó hasta el último día de su vida.

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De sus 8 hijos, la mayor de las seis mujeres, Betsy del Carmen Vega Mendoza, heredó ese legado de mujer noble y madre abnegada. A los 14 años Betsy emigró para el municipio de Codazzi, Cesar a trabajar como doméstica en la casa Cural de los padres capuchinos y de allí derivaba el apoyo económico que enviaba a su madre para ayudar a la manutención de sus hermanos.

Más tarde se casó tuvo su primera hija de nombre Yofaira Elena Cuello, le fue mal en su primer matrimonio, después en su segunda oportunidad con Ángel María Balcázar tiene cuatro hijos más Jorge, Wilman, Deiver y Mirza que junto a su pareja luchaba, cada día para mantener ya no a cuatro sino cinco hijos en un pueblo donde las oportunidades laborales eran escasa y las ayudas del estado nunca llegaron.

Trabajaba de sol a sol cómo lavandera y planchado ropa ajena, como diría la canción de Daniel Celedón, “lavanderas de mi pueblo” yo te vi que venias entristecida, se dibujó el cansancio de tu dolor, que mal te ha pagado la vida, que manos tan encallecidas derramando tanto sudor, jornal de burbujas y espinas, tantas ilusiones perdidas laborando de sol a sol; lavandera que vas sufriendo y en tus silencio lloras tus penas, vas expuesta cual hoja al viento con un cargamento de ropa ajena, lavandera de profesión…

Betsy del Carmen Vega Mendoza, junto a su esposo y a sus hijos.

Con esta profesión y la ayuda de su esposo crió a sus hijos, haciéndolos hombres y mujeres de bien, que hoy son útiles a la sociedad, dándole sus aportes desde sus diferentes actividades económicas, hoy ya no lava ni plancha porque una penosa enfermedad que está siendo tratada con mucho rigor le impide hacer esas labores, pero con nostalgia recuerda esas épocas donde el pasar el agua corriendo, bajo ese inclemente sol se iba fundiendo su piel morena.

Pero aun así hoy sigue con sus labores de su hogar, cuidando sus nietos, que es otra razón más que tiene para seguir siendo ese árbol de ‘guayacán’ infundiéndole valores y respeto.

Es de anotar que ‘Bechi’ como es llamada cariñosamente siempre soñó con ser madre, tanto así que siendo la tercera de 8 hermanos los arropó, como a sus verdaderos hijos, ayudándolos a la manutención y educación tanto que hoy se siente con mas orgullo de ver a Heidy, Mabel, Inmaculada, Ruth y María, servirle a la sociedad desde sus campos laborales como docente, estilista, enfermera, periodista y trabajadora social, para ella, es un orgullo ser madre no de cinco sino de doce y que con esa crianza sigue aportando a la sociedad, desde ese legado tan hermoso que dejó Dios a las mujeres el don de ser madres…

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