Por Astrid Castillo López.

Luchando  incansablemente y  realizando todo tipo de trabajos, que le permitieran ingresos mínimos, la señora Dilia Francisca Cuadrado Salas logró criar y darles una educación de calidad a sus hijos, ella junto a su difunto esposo Santander Brito, trabajaban todos los días por su bienestar.

Dilia Francisca es riohachera, nació en  1930 y realizó sus estudios en el colegio La Sagrada Familia, desde kínder hasta cuarto año de bachillerato, de su niñez recuerda como su papá y un amigo de él se esmeraban por terminar todos los días un periódico llamado  El Impulso, “era una persona preparada y aunque no era periodista, mucha gente compraba el periódico para leer lo que mi papá escribía”.

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Cuadrado Salas señala que la etapa de criar a sus hijos “fue fuerte” tanto para ella como para su esposo, él les decía: “quien quiera estudiar que me lo diga, que yo trabajo hasta más no poder”, para ellos la formación educativa de sus hijos era lo más importante.

Esta madre se levantaba todos los días a las 3:00 de la mañana para vender pudines, collares, mantas y guaireñas; también viajaba a Maicao a buscar algunas mercancías para la venta, aunque ganaba poco, lo importante era el ingreso que se generaba.

Recuerda que la gente le pregunta “¿por qué trabajas tanto?, ¿para qué te matas tanto?, ¿de verdad tus hijos están estudiando?” ella segura de las personas a quienes estaba educando les respondía  “si están estudiando, porque ellos traen sus notas anuales”, llegar a su hogar con la boleta de nota era obligatorio para  sus hijos.

Mirar el avance de la carrera que cursaban era su mayor motivación para seguir trabajando y ver graduados a cada uno de ellos en lo que le gustaba, su gran satisfacción, gracias a ese esfuerzo ahora tiene una familia de profesionales Gladys María, optómetra; Santander Rafael, abogado; Belma Margarita y Jairo David, médicos; Omar Alonso, contador público y Cristian Daniel, ingeniero de sistemas.

Una norma que les tenía Dilia a sus hijos era el compromiso de escribirle una carta semanal para saber que ellos estaban bien por su parte, les hacía las llamadas por Telecom y le tocaba esperar largo rato, “salíamos tarde como a las 11:00 de la noche porque iba mucha gente a hacer cola y esa era la única forma de comunicarnos”.

Ya con sus hijos profesionales las cosas comenzaron a mejorar, fue más fácil para ella y su esposo, no tenían que trabajar tan duró porque ya había quienes les ayudaran, actualmente se siente orgullosa de sus hijos y aunque todos han formado su familia, de las que han nacido 16 nietos y 6 bisnietos para ella sus hijos siguen siendo sus niños.

Dilia Francisca destaca que se siente tranquila, feliz por ver a su familia crecer, pero añora a su amado esposo Santander “si él estuviera vivo yo sería más feliz” sin embargo, agradece a Dios por la fuerza que le da para aceptar su voluntad.

“Aquí me tiene parada, a veces no me provoca levantarme de la cama, pero hago el esfuerzo, me levanto y sigo la lucha porque yo creo que luchando es que se consiguen las cosas, nada es fácil, todo tiene que ser luchado”.

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