Vicenta Siosi Pino.

Por Vicenta Siosi Pino, Especial para La Guajira Hoy

Las mujeres Wayúu llegaban a Pancho, montadas en burros cenizos, trayendo queso de cabra, cojosa, frijol, mamá las recibía con un pocillito de café, conversaban largamente y luego mamá les daba azúcar, panela, arroz. Otras indígenas traían cecina, auyama y unos pepinillos dulces que eran nuestra delicia. Todas traían y llevaban. Es una antiquísima y hermosa costumbre de los Wayúu llamada okorojushi y significa obsequio; algo muy distinto del intercambio comercial que opera entre personas desconocidas

Los Wayúu esperan ansiosos las cosechas para emprender los viajes llevando su generosidad a parientes y amigos. Cuando una indígena sale a visitar no piensa en la manta que lucirá, su inquietud  es ¿qué voy a llevar de regalo? Pues cuando llegas a una aldea el dueño de casa te preguntará: Kassapukoro jüintamüin  ¿qué presente me trajiste?

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Los obsequios reafirman lazos de familiaridad y amistad. Es una práctica ancestral vigente que equilibra la dieta en las rancherías y ejercita la magnanimidad entre clanes, pues quien más tiene más da.

Cierta vez, unos amigos estaban urgidos de tomar algunas fotografías y me pidieron que los llevara a una ranchería, fui donde mis parientes de Amaichon y por la prisa no les llevé el okorojushi.

Sin esperar, la más anciana de mi familia, me llevó aparte y me dijo en tono dulce: “Vicenta, tu abuela no te enseñó que al visitar debes traer un presente. Vienes de la ciudad donde hay muchas cosas y nosotros poco tenemos en este verano”. Me dio mucha vergüenza aquel olvido, sin embargo ellos nos ofrecieron café y chicha.

Un día mi hermana mayor fue a visitar al pütchipü de la familia, el viejo Sompa, se le hizo tarde y debió dormir en la ranchería. De regreso trajo un chivo como obsequio. Sompa le explicó: “Si hubieses tenido un accidente en mi casa tendría que pagar una indemnización, como nada te ocurrió bajo mi techo, estoy contento y llevarás este cabrito como señal de agradecimiento, pues el Dios de los Wayúu, me evitó entregar más bienes”.

Wilmer González Brito.

En nuestro territorio existen más de cinco mil aldeas y en cada una vive una sola familia extensa. Si un político busca apoyo, contacta a la Autoridad Tradicional o a un líder de la casta. Se prepara la reunión con el candidato en la comunidad donde el clan expresará su necesidad de un molino, un jagüey, un aula, paneles solares u otro requerimiento.

El político anuncia su compromiso de ayudar a mejorar la calidad de vida del grupo. Es un acuerdo de voluntades. La reunión se cierra con un frichi ofrecido por la familia y hasta pueden bailar yonna en honor al visitante. La hospitalidad es una característica Wayúu.

Entre los arijunas, el candidato se reúne en una plaza pública, un club o la sede de un gremio y se compromete a bajar los impuestos del sector, dar universidad gratuita, subsidios, casas, construir una carretera. Veo que es lo mismo.

El candidato guajiro facilita el transporte a los indígenas porque las rancherías distan varios kilómetros una de otra y no existe transporte público; los puestos de votación puede localizar se hasta seis horas de camino bajo el sol implacable de La Guajira. Esto no es trasteo de votos solo posibilita al Wayúu llegar al puesto de votación. Por otro lado, cuando te has levantado en la madrugada y estas a seis horas de tu casa no recibir un refrigerio es una descortesía, una deshonra y una injusticia.

Si las campañas políticas no facilitan el trasporte a los Wayúu, ellos no ejercen su derecho a elegir y se excluyen de la fiesta democrática. Sin esta posibilidad, entonces la Registraduría Nacional debe proveer transporte público para que quinientos mil Wayúu participen de su derecho al sufragio.

Por este desierto solo transitan burbujas venezolanas de operadores turísticos quienes cobran 400 mil pesos el día por trasladarte de Riohacha a Punta Gallinas. Nadie somete un costoso carro colombiano a estas trochas tortuosas que desbarajustan cualquier vehículo en pocas horas.

Una campaña en Bogotá invierte sus recursos en publicidad de televisión y radio, manejo de redes sociales, equipos de amplificación, tarimas. Una campaña política en la Alta Guajira gasta en transporte hacia las rancherías y refrigerio. No hay internet en esta zona, la radio que se escucha es venezolana y no se requiere amplificación para hablar a una familia extensa. Aquí los Wayúu votan por quien los visita y se compromete con ellos personalmente.

Así se vive la democracia en esta península donde hablamos Wayuunaiki, bailamos, nos vestimos y filosofamos distinto.

El gobernador Wilmer González Brito, oriundo de Uribia, está preso porque facilitó transporte a unas familias que decidieron votar por él y les dio refrigerio porque estaban a varias horas de sus casas. Si le digo a un Araurayu que los arijunas piensan que el Okorojushi es un delito y por practicarlo un hombre está en la cárcel, me respondería que no es posible.

Aplicar leyes nuevas a un pueblo prehispánico desconociendo los rasgos culturales, la estructura social, la geografía, la cosmovisión, si es mucha injusticia de la justicia.

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