Falleció Rufino Medina, jefe de la Fundación Embarradores de Riohacha

Por: Neder Andrés Yoly Bermúdez.

En la mañana de martes el señor Rufino Eduardo Medina Ferreira, oriundo de Riohacha, con tan solo 77 años de edad, sufrió un infarto en su casa que le llevó a su deceso, este fue sepultado en la mañana del miércoles en el cementerio Central.

Los hechos ocurrieron de manera rápida. Rufino Medina, pilar cultural, abuelo y padre de 10 hijos se encontraba en su habitación en el barrio Coquivacoa, cuando un paro cardíaco fulminante lo tomó por sorpresa. Sus familiares fueron quienes lo encontraron sin vida y hoy deja un gran legado.

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“Me siento triste y acongojada, pero feliz porque fue hombre que a pesar de todo, se fue feliz, era la muerte que él deseaba, morir sin dar lidia, eran sus propias palabras. Además de eso, era una persona activa, siempre salía a echar barro en días de fiesta y todas las mañanas iba a visitar a los familiares y a sus muertos”. Expresó, Ana Medina, su séptima hija.

Camino de honor a Rufino Medina después de salir de la iglesia.

Era el Jefe de los populares y Embarradores de Riohacha, con más de 50 años repartiendo alegría en este grupo, llevando felicidad en las fiestas carnestolendas, sus amigos y seres cercanos se agolparon a la catedral Nuestra Señora de los Remedios, pero antes de llegar al cementerio Central, sus amigos de la Fundación le hicieron un sentido homenaje en el parque de Los Embarradores como es conocido popularmente, antes de darle cristiana sepultura.

Según sus compañeros cercanos era el más antiguo y se dedicaba a las charcas para que estuvieran en condiciones de usarse. “Esa era su tarea. A él le gustaba todo esto, era un tipo dedicado. Ahora le vamos a echar barro al cajón antes de enterrarlo porque fue una de las cosas que más disfrutaba,” manifestó Augusto ‘Chichi’ Gómez, Embarrador.

Parada en el parque de los embarradores para rendirle homenaje a Rufino Eduardo.

Uuuuuhhhh… uuuuuuhhhh era el grito que más se escuchaba en respuesta al llamado que se hace para convocarse entre ellos. Se iba uno de los suyos y el sentimiento invadió a cada uno de los presentes, quienes mientras escuchaban las palabras de personas como la del profesor Jorge Gómez Effer, familiares, amigos y cercanos, embarraron el ataúd para despedirlo.

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