Jaime Ezpeleta Ariza, primer ingeniero de Minas de La Guajira, un recorrido profesional que produjo un libro: Topografía Básica para Ingenieros.

A sus 79 años de edad, Jaime Ezpeleta Ariza se sienta en la terraza de su casa a hablar con vecinos y amigos con total naturalidad. Su tono de voz gruesa y clara y su buena memoria, lo muestran como una persona revitalizada, que aún le quedan anécdotas por contar y familiares por conocer.

Tras sobrevivir a dos cirugías en su cuerpo le agradece a Dios por darle una nueva oportunidad para vivir y seguir percibiendo los logros de sus hijos y las metas cumplidas en el negocio que emprende.

Nació el 28 de octubre de 1938, en San Juan del Cesar; Sin embargo, fue trasladado a Riohacha cuando tenía pocos meses de nacido, ciudad donde se crio. Es hijo de Carlos Ezpeleta Fince, reconocido músico guajiro que compuso la música del himno del departamento de La Guajira.

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Tras cursar sus estudios de primaria en el Colegio la Divina Pastora, en Riohacha, el Colegio Nariño y el Loperena en Valledupar y el bachillerato en Liceo Celedón, en Santa Marta, logró trabajar como docente de Aritmética en instituciones educativas. Esta asignatura se convirtió en una de las grandes pasiones en la vida.

“Trabajé como maestro, me gustaba mucho los números y todo lo relacionado con la matemática. Me tocó hacerme responsable de mis hermanos porque mi papa nos había abandonado. Entre ellos sostuve a Benjamín Ezpeleta Ariza, quien estudiaba la carrera de Medicina en Medellín en ese entonces. Ya como ustedes saben, llegó a ser también un gran historiador antes de fallecer”, señaló.

En esa misma ciudad, siguió trabajando en la docencia y logró cursar primero y segundo año de Ingeniería de Minas. Tuvo que hacer una pausa para seguir manteniendo a sus hermanos, principalmente a Rubén y a Mery Ezpeleta, quienes apenas recibían clases en sus colegios.

En 1964, logró graduarse como el primer Ingeniero de Minas del Cesar y  La Guajira. En aquel tiempo, Colombia no explotaba los minerales que conocemos hoy en día como el carbón, o hidrocarburos como el petróleo; solamente se extraían materiales que servían para la fabricación de hierro y acero como: caliza, el carbón coque y el mineral de hierro. Además, se trabajaba en la consecución de oro.

Jaime Ezpeleta laboró en la empresa Acerías Paz del Río, ubicada en Boyacá, en la población del mismo nombre.

“Al principio, esa empresa empezó con ingenieros extranjeros, después fueron reemplazados por egresado de la Escuela de Minas. Yo trabajé con el carbón coque y el hierro durante cinco años. Renuncié el 8 de enero de 1967”.

Luego de esta experiencia laboral decidió irse a Venezuela, a trabajar en el estado Aragua, en el área de la docencia. Dictó clases en la Universidad de Oriente, en la Escuela Técnica y en la Academia de Topografía Simón Bolívar. Un recorrido profesional que produjo un libro, que es como un hijo, del cual se siente muy orgulloso: Topografía Básica para Ingenieros. Este texto sirvió como guía para muchos estudiantes y profesionales que se desarrollaban en esta área.

“Ese libro lo bautizaron por lo alto, fue distinguido por profesionales extranjeros; sin embargo, no sé si se vendió o  que se hizo porque ese mismo año yo me devolví para Colombia”.

Con la colaboración de amigos venezolanos, constituyó la Casa Colombo-venezolana en Ciudad Bolívar, en Bogotá. Esta iniciativa era una especie de consulado-embajada.

Para el año 1973, cuando apenas en La Guajira se empezaba a hablar sobre la explotación carbonífera, Ezpeleta dictaba charlas en diferentes espacios sociales y académicos sobre todos los detalles y pormenores de la minería.

Jaime recuerda claramente su paso por la política: “después de haber sido gerente del Instituto de Desarrollo de La Guajira, fui diputado desde el año 1978 al 1980, y del 80 al 82 fui concejal de Riohacha. En el 82 fui el primer director del partido Nuevo Liberalismo, que dirigía el político Luis Carlos Galán”.

Este profesional guajiro, dictó clases de Matemáticas y Física en la Universidad de La Guajira alrededor de 25 años. En la actualidad, ha decidido ser emprendedor y revivir una idea de negocio que en el pasado se había congelado, denominada Don Chichero, una empresa encargada del expendio de la popular chicha guajira por varios sectores de Riohacha.

En la actualidad, Ezpeleta reflexiona sobre lo que le ha dejado la explotación carbonífera a La Guajira: “No me agrada que digan que La Guajira está abandonado por los gobiernos centrales, porque aquí ha habido muchas regalías, pero lamentablemente todo ese dinero ha sido despilfarrado por muchos gobiernos”, señaló.

A este longevo guajiro se le ve caminar por las calles de Riohacha sin dificultad, se sienta con sus amigos a compartir en restaurantes, y tiene la energía para apoyar manifestaciones de tipo política. Busca ser recordado como uno de los profesionales insignes de la historia de La Guajira.

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