Los menores han salido a conocer la ciudad de Riohacha y también los han llevado al cine.

Por: Neder Andrés Yoly Bermúdez.

La oportunidad a ser feliz que deben tener los niños para crecer adecuadamente y por ciclos en cualquier tipo de espacio donde se merezca, ya sea desde casa, la escuela u otros espacios donde lo principal sea velar por las necesidad de los más pequeños, verlos sonreír, ser buenos amigos, pero sobre todo reconocerse desde su cultura es la preocupación que mantiene la fundación Renuevo desde su llegada a territorio guajiro.

Sin fines de lucro, la Fundación viene trabajando de la mano con padres, turistas y comunidad en general para solucionar la problemática en la comunidad indígena de Camarones, ubicado a 17 kilómetros al sur de Riohacha y es pertinente para ayudar a ordenar el sector turístico, sus pobladores y en especial proteger e inculcar en los niños Wayúu una nueva forma de hacer las cosas.

Pilar Quiroga.
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“Dibujar fue el gran inicio, empezamos un proceso de dibujo, por eso la fundación se llama Renuevos y el programa se llama, Mi guajira de colores porque todo empezó por medio de dibujos, La Guajira tiene mucha más que mostrar de lo que se está mostrando, si nosotros como gremio queremos tener resultados, tenemos que entender que los niños no son un problema, son una situación por resolver, y hacen parte del entorno y hacen parte de La Guajira, de las comunidades”, expresó Pilar Quiroga.

La idea empezó intentando que los niños se volvieran amigos, interesarse por sus vidas. Preguntar por quienes eran sus papás, que hacían y a que se dedicaban. Los niños todos los días se acercaban, pero la timidez propia de los infantes, los hacía estar con poca frecuencia, sin embargo, se acercaban de a poco para ver lo que se hacía.

Adriana María Puerto, turista, quedó fascinada con la labor emprendida con los menores.

En este momento tienen 152 niños inscritos en la fundación y 47 de ellos son artesanos en edades entre los 5 y los 15 años. Se encuentran en un lugar específico del restaurante, donde ellos pueden compartir con los demás niños, tejen sus manillas, rescatan el valor de los tejidos y fortalece los lazos de amistad. Ya no es solo ir a Riohacha a comprar las manillas, sino que ellos también la hacen, colocan el nombre del cliente en menos de cinco minutos mientras es tejida.

Quiroga, socia del restaurante y líder de  la Fundación, se empecinó en reconocer las situaciones puntuales y desde el negocio poder resolver o solventar, casos como la importancia de comprar la artesanía a un precio justo y quitar la idea de que se vende barato. Darles sentido de pertenencia por lo que hacen.

Juan Mejía.

El proceso de voluntariado ha sido importante para el progreso de las metas propuestas, propios y visitante se acercan con libros, enciclopedias, entre otros materiales para ayudar a resolver y ayudar con el aprendizaje de los pequeños empresarios.

“La transformación de los niños ha sido asombrosa, antes inspiraban lástima, venían con la ropa destrozada, sin baño, sin aseo. Hoy, los ves y llegan bien vestiditos, ya dejaron de inspirar lastima”. Además señaló, “son tan bueno vendedores que algunos días entre todos se logran hacer hasta un millón de pesos”, expresó, Juan Mejía, dueño del restaurante El Remanso.

En los tres años que la Fundación ha ido recibiendo libros que le lleguen a parte de turistas que al llegar al restaurante conocieron el programa y ya se ha ido convirtiendo en una pequeña biblioteca que funciona en un cuarto del Restaurante, la cual ha sido una herramienta para motivarlos a estudiar, ahí leen mientras esperan que lleguen los turistas para expenderles sus artesanías.

La biblioteca ha ido creciendo con el aporte de los libros que le hacen llegar los turistas que conocen la Fundación.

 

En medio de la charla de sostenibilidad con los turistas, Adriana María Puerto, manifestó “deberían haber más colombianos apoyando esta iniciativa, porque es que los niños se deben enseñar desde pequeños a ser productivos y no inspirar lástima.

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