Rubia Elena Amaya Serrano, una mujer que perteneció a la guerrilla de las Farc y dice que siempre guardó la esperanza de que su vida podía cambiar.

Por Jefry Machado González.

Su mirada se perdía en el horizonte, pero su sonrisa durante la entrevista con este medio de comunicación nunca se opacó. La responsabilidad de tener un bebé en su vientre le brinda la esperanza de que todo será mejor que ayer. Un mejor futuro se avecina. Aquellos tiempos donde la tiranía, el mandato o el delito era el pan de cada día quedó en el pasado… Una sola decisión le cambió la forma de ver la vida.

Rubia Elena Amaya Serrano, una mujer de 42 años de edad, testificó sin miedo o vergüenza alguna, que formó parte de las filas de la guerrilla en Colombia. Su vida nunca volvió a ser la misma. Sin embargo, la esperanza de integrarse a la sociedad no fue misión imposible.

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¿Se llenó de dudas? Empezar una nueva vida parecía ser un desafío y “hasta llegué a pensar que la idea de cambiar era producto de mi imaginación, gracias a la vida que me dio una segunda oportunidad de ver que la transformación era una realidad ya que siempre guardé  la esperanza de que mi vida podía cambiar”.

Amaya Serrano decidió ser militante de las Farc cuando apenas tenía 18 años y ya criaba a su primer hijo. Aunque ya conocía la vida laboral en la calle, en su hogar había necesidades que ella no podía cubrir y decidió irse de forma voluntaria a la guerrilla.

Rubia Elena espera a su quinto hijo, siendo estos su mayor motivación para seguir adelante.

“Abandoné mi hogar, dejé a mi familia, a mi hijo, toda mi vida normal. Y llegué a un lugar donde había muchas mujeres como yo. La decisión ya estaba tomada, no había vuelta atrás. Mis parientes insistían en saber por qué me había ido y le respondía que fue algo que se me dio de la nada. Me fui tranquila porque mi hijo no iba a quedar en malas manos”, relató.

Albergada en el territorio rural de Pondores, en el municipio de Fonseca, manifiesta: “Nuestra vida pasada quedó enterrada, es algo que quisiera no recordar más y mejor quiero ver todo el futuro prometedor que me espera al lado de este niño que en un mes tendré en mis brazos, porque aquí nos hemos convertido en mujeres y hombres de bien”.

Desde hace más de un año, se integró a la sociedad en el resguardo de excombatientes que el Gobierno Nacional y las organizaciones internacionales como la ONU, en la comunidad de Conejo del mismo municipio han creado para que ellos vuelvan a integrarse a la sociedad.

Hoy día forma parte de las mujeres que tienen una cooperativa de confección de ropa dentro de la comunidad Pondores.

En la actualidad, Rubia Elena forma parte de las mujeres que poseen una cooperativa de confección de ropa dentro de la comunidad y que en días recientes, le fue donado 21 máquinas de coser al taller, donde estiman consolidarse económicamente y serle útil a la sociedad.

Asimismo, invitó a las demás mujeres excombatientes a acercarse a este lugar porque mientras hay vida, hay esperanza. “Ellas pueden tener la seguridad de que dejando todo eso atrás, van a tener un mejor porvenir. Muy pronto tendré cinco hijos y son mi mayor motivación para salir adelante en cada paso que voy a dar”.

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