Carmen y Absalon se muestran siempre sonriente producto del amor que se tienen.

Por: Astrid María Castillo López.

Mucho se dice sobre el primer amor que es el más sincero, puro y nunca se olvida, cuan afortunados son quienes en este momento viven o están con su primer y único amor el de la juventud, desde este portal digital seguimos contando estas historias que tienen un tinte diferente que las hace única.

“Yo no tenía experiencia en el amor, nunca había tenido novia eso era algo nuevo para mí” así relata Absalon Mena, chocoano de nacimiento en sus inicios en las filas del amor “ella vendía libros en el barrio de Bogotá donde yo vivía, me enamoré desde el primer día en que la vi”.

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El interés por un libro fue la excusa perfecta para que este hombre lograra obtener el número telefónico de Carmen Eleiys Ibarra Campo “la comencé a llamar pero no fue una mujer fácil de conquistar, me costó mucho convencerla para que aceptara una invitación a salir”.

Después de mucho insistir Carmen accedió a acompañarlo a una fiesta, fue la primera salida para empezar a conocerse, pasaron varios meses y finalmente esta mujer decidió aceptar la propuesta de noviazgo de Mena.

Posteriormente, tuvieron que separarse por dos años, ya que Carmen iniciaría sus estudios en Barranquilla, sin embargo, se mantuvieron comunicados “ninguno de los dos tuvimos otra relación, a pesar de estar separados decidimos esperarnos, eso fue lo más bonito de nuestro noviazgo” recuerda ella.

Habían pasado dos años y Mena seguía llamando a su amor pero ella se estaba olvidando de su rostro “un día le dije, no sé qué vamos hacer pero ya no me acuerdo de tu cara” señaló Ibarra.  Tras esta advertencia este hombre decidió viajar a Barbacoa para reencontrarse con quien fue su primer amor.

Cuando llegó a Barbacoa conoció a la familia de Ibarra Campo “desde el principio fui aceptado por sus hermanos, bien recibido y querido, me trataban como a un hijo más de la familia”, en 1987 se radicó definitivamente en Riohacha “llegue con buenas prospectiva, en deporte, integré la selección de la Universidad de La Guajira, fueron buenos tiempos”.

Ocho años duró el noviazgo, hasta el 20 de diciembre de 1991 cuando se casaron. Uno de los anhelos de Carmen era pertenecer al ballet de Colombia y por ello, al siguiente año de casados comenzó a cumplir sus sueños de bailar y viajar por varios países del mundo como miembro de esta organización.

“Fue una decisión que tomamos concertadamente, gracias a Dios siempre conté con la ayuda de Absalon” ellos consideran que esta fue una de las pruebas más grandes por la cual pasaron como esposos pues a solo un mes de casarse nuevamente tuvieron que separarse.

“Después de realizar mis sueños, en 1993 llegué decida a iniciar la vida matrimonial y empezamos a organizarnos con la escuela de danza Juacar”. Sobre la vida en matrimonio destacan que han tenido tropiezos y situaciones que los han llevado al borde de la separación, sin embargo, agradecen a Dios por darles la fortaleza y voluntad de  mantenerse juntos.

De esta unión nacieron sus hijos Olmark Absil Mena Ibarra y Carmen del Carmen, ambos se encuentran radicados en Bogotá.

Él considera que tiene a su lado a la mejor mujer del mundo “Carmen es maravillosa, honesta, leal”. Ella destaca que contar con el apoyo de su esposo ha sido fundamental para su vida, han crecido juntos y asegura que están en una etapa madura de la relación “él sabe qué me gusta, yo sé qué le gusta a él”.

Dicen que actualmente se sienten novios nuevamente y mientras Dios se los permita disfrutarán esta etapa de su vida respetándose, escuchándose “porque el matrimonio es de dos y es importante la solidaridad, honestidad, responsabilidad, puntualidad, respeto, comprensión”.

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