Banco de alimentos de la Pastoral Social y el Programa Mundial de Alimento quienes están a cargo de estos comedores.

Con la tarea de brindar atención a cientos de personas en situación de vulnerabilidad, un grupo de hombres y mujeres que hacen vida en los diferentes comedores comunitarios de Riohacha son considerados los ángeles que diariamente dan calor de hogar a quienes se encuentran lejos de él.

Su día comienza antes que salga el sol, entre las 4:30 y 5:00 de la mañana llegan a los puestos de atención donde empiezan con las tareas diarias de aseo y preparación de los alimentos que son entregado a los migrantes, retornados y población en extrema vulnerabilidad que se encuentran en el distrito de Riohacha.

Concentradas en sus puntos de atención se les ve a cada uno en su quehacer, cortando, amasando, preparando los desayunos y almuerzos que con dedicación entregan, son los brazos de la Pastoral Social y el Programa Mundial de Alimento quienes están a cargo de estos comedores, ahí realizan un gran esfuerzo por tener a tiempo la comida lista para servir a quienes llegan a las 7:30 de la mañana a recibir el beneficio.

Equipo de trabajo comedor Marbella
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“Mamá Yaya” como cariñosamente llaman a Yadia Isabel Mejía Quintana es la auxiliar operativa del comedor de la Santísima Trinidad para ella este es un trabajo fuerte pero reconfortante porque es una ayuda que entregan a quienes verdaderamente lo necesitan.

“Estoy muy agradecida con el programa y con el equipo, estamos muy bien compenetrados en este trabajo. Los usuarios me llaman la jefe, la líder y mamá, pero yo solo soy una amiga que hace de todito para ofrecerles lo mejor”, indicó Yaya.

Ella diariamente se encarga de organizar las labores y dirigir al grupo de usuario quienes le agradecen por su entrega. También  está al frente de ocho personas quienes conforman el equipo de cocina.

“Lo más importante son las manifestaciones de cariño que recibimos de nuestros hermanos venezolanos, muchas madres se acercan llorando porque dicen que le hemos devuelto la esperanza”.

Equipo de trabajo comedor Santisíma Trinidad

Son en total ocho comedores a nivel distrital, que cuentan con 30  personas en la cocina. Unos con mayor experiencia que otros van brindando su atención en cada plato de comida que sirven.

Tal es el caso de Luz Darys Cardoso, una monteriana quien llegó a Riohacha cuando apenas tenía 14 años, aquí conoció a su esposo y tuvo a sus tres hijos, residenciada en el barrio Villa Fátima emprendió una tarea que hoy lleva ocho años cumpliendo su objetivo.

Luz Darys Cardoso

“Empecé el comedor con una señora que me visitaba, le comenté lo que quería hacer y ella me dijo que hablara con el padre de la capilla del barrio, él nos dijo que sí y todos los sábados nos traía la comprita para preparar la comida a los niños”, explicó Luz Darys.

Inició su tarea atendiendo a 12 niños indígenas que posteriormente fue creciendo, hoy son un total de 80 quienes semanalmente se reúnen en el bohío que se encuentra en el patio de la casa de la señora Luz Dary donde tiene todo habilitado para brindar este servicio.

Cuenta con el apoyo de Jenifer Duarte y Elitza González quienes le ayudan en la preparación de los alimentos y los quehaceres del día a día. Actualmente forman parte del programa comedores comunitarios donde atienden a 100 personas de nacionalidad venezolana.

“A los migrantes los atendemos diariamente, les damos desayuno y almuerzo. De este grupo 80 son niños venezolanos y 10 son adultos “estamos muy agradecidas con el programa porque tomó en cuenta esta comunidad que bastante lo necesita”, indicó Jenifer Duarte, quien aclaró que de igual forma siguen atendiendo a los 80 niños Wayúu todos los sábados a quienes les dan una cena.

“Actualmente con esta primera misión están los padres Alberto Florero y Jorge Arcila de la Divina Pastora, son ellos quienes desde el inicio apoyaron esta iniciativa”.

A ellos se suman un buen número de voluntarios quienes agradecidos devuelven el favor ayudando en el aseo y organización de cada lugar. “Esto es para ellos y solo pedimos que se sientan como en casa porque sabemos que no les ha tocado fácil pero aquí hay una mano amiga”, puntualizó Paola Rodríguez una de las manipuladoras de alimentos.

Equipo de trabajo comedor Villa Fatima
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