Los niños quieren seguir estudiando en las viejas instalaciones y no en las nuevas que construyó el Estado colombiano.

“Seño queremos volver a nuestros salones tradicionales”, fue la expresión más tajante que escuchó la docente, Patricia Bolaños Ochoa, de parte de sus estudiantes cuando le pidieron que las clases las impartiera en las aulas hechas con materiales indígenas Wayúu como el Yotojoro, en vez de los salones construidos con bloques, cemento y tejas. Los estudiantes se rehúsan a abandonar sus costumbres.

Bolaños Ochoa es oriunda de Barranquilla, pero con más de 15 años de servicio en la institución educativa rural Nazaret, del municipio de Manaure. “Fui testigo del proceso de transformación de la escuela, cuando en sus inicios se daban clases debajo de un trupillo y los asientos eran troncos de árboles”.

Años después, la matrícula de los niños y adolescentes creció, al parecer la sed de aprender e intercambiar ideas con otros indígenas fue mayor. Y fue así, como se crearon los salones de clases, hechas con finos troncos de madera de yotojoro (pulpa seca del cardón) y se abrieron las secciones de los diferentes grados de primaria.

Para los estudiantes de la etnia Wayúu sería formar parte de la transculturización de sus etnia.
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Gracias a la gestión del equipo docente de la institución, la solicitud de las autoridades tradicionales de la comunidad y el apoyo del Ministerio del Interior, se logró modernizar y adecuar el espacio de enseñanza para los estudiantes, sin embargo, el mayor reto de los maestros ha sido amoldarlos en sus nuevos salones de material de concreto.

Patricia Bolaños Ochoa.

Si bien es cierto que la comodidad de los asientos, la ventilación y la luz artificial representaron un logro, para los estudiantes de la etnia Wayúu sería formar parte de la transculturización. Es por ello, que la directora se vio en la necesidad de mantener en el espacio educativo 10 aulas, hechas con material artesanal para instruir a los más pequeños.

Bolaños Ochoa sigue relatando: “Junto a mi grupo de estudiantes tenemos un aula de clases de concreto, en el cual imparto mis clases, pero mis estudiantes cada mañana me piden que vayamos a nuestro salones de antes, porque se sienten más cómodos y el proceso de aprendizaje es fácil en cuanto a la lectura, es su espacio, es parte de su hogar y no quiero estropear mi proceso de pedagogía”.

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