La carrucha permite que muchos nativos de la etnia Wayúu salgan de sus comunidades a realizar diligencia en la ciudad.

Brazos que movilizan a comunidades indígenas sobre una carrucha

Como si se tratara de un teleférico o metro cable de las grandes ciudades, así se trasladan alrededor de 200 personas diariamente sobre el río Ranchería que separa a la comunidad de Aremasain de más de un centenar de asentamientos indígenas que se encuentra en la zona rural del Distrito de Riohacha.

Por más de dos décadas este medio de transporte ha formado parte de la población, quienes sentados sobre dos listones de madera fijados a una estructura de hierro que se asemeja a la cabina de un teleférico, pero sin ningún tipo de seguridad, se sostiene de una polea hacia un cable de acero y es conducida por hombres quienes la dirigen utilizando sus brazos como palanca.

Son cinco muchachos y dos adultos, ellos se encargan del manejo, mantenimiento y administración de la ‘Carrucha’, se disponen diariamente para estar al servicio de los usuarios quienes llegan hasta las estaciones ubicadas una al frente de la otra, en los extremos del río Ranchería.

En esta Carrucha se trasladan compras, bultos, motos y cuanta cosa se requiera pasar de un lado a otro para la subsistencia de los habitantes de las comunidades La Gloria, Juriaka, Turishamana, Cascabel, entre muchas más que se encuentran en esta zona.

Para el grupo encargado de la Carrucha este no es solo un medio de transporte que ofrece movilidad a los pobladores, también representa el sustento económico para varias familias.

El servicio tiene un valor de 500 pesos por persona, en cada viaje pueden ir hasta tres, dependiendo lo que pesen, cuyo cálculo se hace ‘al ojo’. Quienes deseen trasladar cargas más pesadas como compras, herramientas, sacos o hasta una moto deben cancelar 2.000 mil pesos.

“Cobramos esto porque el esfuerzo es mayor y los brazos a veces se nos cansan”, indicó Pablo Epiayú uno de los jóvenes que forma parte del grupo de conductores de la Carrucha.

Él al igual que los demás aprovechan el tiempo libre que les queda luego del colegio para percibir algún ingreso económico que le ayude a cubrir sus necesidades, es por esto que se turnan para que todos puedan ganar.

“Unos llegan en la mañana y otros por la tarde, formamos dos grupos y nos turnamos para hacer los viajes”, comenta Pablo, quien sonríe al decir que gracias a esta labor también ha ganado fuerza y masa muscular en sus brazos ya que son estos los que funcionan como palancas para llegar hasta el otro lado.

Estos cuatro años que lleva trabajando como conductor de la Carrucha lo ha llenado de experiencia, seguridad y confianza, pues al trasladar a sus usuarios lo hace con mucha seriedad y cuidado ya que son vidas humanas las que están bajo su responsabilidad.

Señala que nunca ha vivido ningún percance porque la Carrucha es segura, “dos veces se ha caído mercancía porque la gente para hacer un solo viaje sube muchas cosas y como dos veces se cayeron unos sacos que fueron recuperados”, indicó.

Para él lo más importante es que la persona que se monta en esta estructura metálica debe estar tranquila, “solo debe sentarse bien y sostenerse sin miedo”, son las indicaciones que le da a los pasajeros.

Para los usuarios esta es una de la opción más rápida para llegar hasta las comunidades o para salir de ellas, ya que la otra opción es por la comunidad de La Gloria en una canoa navegando por el río Ranchería.

Es por esto que la Carrucha se ha convertido en un patrimonio para los 12 conductores, los indígenas Wayúu habitantes de estas comunidades y alijunas quienes a la hora de realizar visitas o llevar alguna ayuda también se trasportan en ella.

El cuidado y mantenimiento son claves ya que de eso depende su buen funcionamiento, por lo que piden a sus usuarios cancelar lo justo y cuidar las instalaciones para continuar ofreciendo su servicio.


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