Instantes cuando se disponían darle cristiana sepultura en el campo santo de un funeraria.

Quienes conocían a Mery Isabel Monterrosa de Mendoza, de 83 años de edad, se llevarán en su memoria la dulzura de su sonrisa, su triste fallecimiento enlutó a un hogar riohachero la primera semana del año.

Dedicada toda una vida para inculcar buenos valores a su familia y ser pilar espiritual de su casa, en su tierra natal, en Sincelejo, lugar donde se casó con Antonio Mendoza Álvarez y con quien procreó a sus cinco hijos: Armando, Jorge Luis, Julio César, Martha y Marina Mendoza Monterrosa.

Años después, la familia se mudó de ciudad y vivieron en Cartagena. El hogar se fomentó y creció. Y cuando ya tenía la mayoría de edad una de sus hijas se la trajo a vivir en Riohacha en el 2008, empezaron a nacer los primeros nietos pero a la par las enfermedades de la vejez también causaron estragos, una de ellas el alzheimer.

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Desde hace dos años atrás cayó en cama y el pasado diciembre agravó su estado de salud, hasta el punto de su fallecimiento en una clínica del Distrito el pasado viernes en horas de la noche.

En vista de que no todos los familiares vivían en la ciudad, viajaron hasta la capital de La Guajira para darle el último adiós durante su sepelio en la Catedral de Nuestra Señora de los Remedios la tarde de este sábado.

Su sepultura se llevó a cabo en el parque de un cementerio particular ubicado vía a Valledupar, lugar en el que los nietos expresaron el amor de madre que en nombre de todos sentían por medio de una carta.

«Ella fue una mujer semejante a un roble, ese árbol que no se puede talar fácilmente. Tenía un carácter de acero, sin embargo, nunca dejaste de emanar amor y alegría. Cuidaste lo más valioso de esta vida: la familia. Hoy nos deja el pilar de nuestras vidas, nuestra fabulosa abuelita», expresó entre lágrimas uno de sus nietos, mientras leía la carta.

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